Miniaturas de Canterbury

Miniaturas de Canterbury


Moleiro publica una versión «casi original» del Salterio Anglo-Catalán, una obra comenzada en Inglaterra en el siglo XIII y completada en Cataluña cien años después.

- Los textos de este salterio se presentan en tres lenguas diferentes.

- El manuscrito contiene 140 ilustraciones ricas en color y que hacen gala de una gran destreza e imaginación

- Su representación de la naturaleza es casi onírica y los animales han sido dotados de personalidad propia: sus rostros son tan expresivos que a veces parece que dialogan entre ellos  

CANTERBURY es una pequeña localidad en el sur de Inglaterra que durante la Edad Media vivió su apogeo como imán de peregrinos. Chaucer, considerado el padre del inglés moderno, fijó en la historia literaria su nombre gracias a los Cuentos de Canterbury, que escribió en los últimos años del siglo XIV. Pero dos siglos antes de que Chaucer compusiera en verso los avatares de los peregrinos de camino a la tumba de Tomás Beckett, Canterbury ya contaba con talleres en los que elaboraban algunos de los libros más refi nados de su tiempo. Entre estos volúmenes se encuentra el Salterio anglo-catalán, cuya versión facsímil se acaba de presentar en Barcelona, editada por el gallego Manuel Moleiro. El Salterio es un libro singular no sólo por sus más de 140 miniaturas, sino porque en sus folios conviven dos tradiciones iconográfi cas muy diferentes, la inglesa y la catalana, que además están aquí separadas por más de cien años. Un salterio es un volumen que recopila los salmos que durante la Edad Media se utilizaban en el oficio divino. Los salterios triples, como el que salió del taller de Canterbury, contienen tres versiones del libro de los salmos: la hebrea, la romana la galicana; esta última se llamaba así porque inicialmente se difundió en las Galias, aunque después se convirtió en la más popular en Occidente. Los textos de los salmos fueron copiados en Inglaterra, en torno al año 1200, igual que la ilustración de la primera parte. Pero el libro fue completado en Cataluña, entre 1330 y 1340, por Jaume Ferrer Bassa, considerado el pintor más destacado de la Corona de Aragón durante el siglo XIV. Esta convivencia de estilos, países y tiempos diferentes hace del Salterio anglo-catalán una obra fascinante, calificada por Moleiro como «la primera muestra de internacionalismo de la cultura». Los artistas de Canterbury siguieron un programa iconográfi co defi nido por la tradición carolingia, caracterizada por una marcada infl uencia bizantina. Pero los miniaturistas ingleses no se ciñeron por completo a los corsés que imponían los cánones. Esta primera parte contiene imágenes atípicas, cuyo complejo simbolismo les confiere dificultades de interpretación. Su representación de la naturaleza es casi onírica, abundante en formas fantásticas e irreales, y los animales han sido dotados de personalidad propia: sus rostros son tan expresivos que a veces parece que dialogan entre ellos. El libro viajó de orillas del Atlántico a la ribera mediterránea, donde Ferrer Bassa continúo el trabajo. Hay miniaturas verdaderamente reveladoras para la historia del arte, ya que fueron esbozadas en Canterbury y rematadas en Cataluña, por lo que dan una perspectiva inusual en la evolución de las ilustraciones. En palabras de Rosa Alcoy, profesora de la Universitat de Barcelona, «el resultado final sería el singularísimo fruto de un enlace entre la cultura anglobizantina cercana al 1200 y las formas pictóricas del 1300 italianizante». Giotto, por ejemplo, ejerció su influencia sobre Ferrer Bassa, quien introdujo el gusto por lo italiano después de su estancia en la Toscana. La originalidad de su estilo se basa en la combinación de dos escuelas italianas, la florentina, muy realista, y la de Siena, con formas delicadas y elegantes. El manuscrito del Salterio anglo-catalán vivió además una historia fascinante. Perteneció al duque Jean de Berry y a la primera mujer bibliófila de la historia, Margarita de Austria. Durante la Revolución Francesa fue a parar a París, en cuya biblioteca nacional se custodia actualmente. Además del facsímil, del que sólo se han editado 987 ejemplares, Moleiro ha publicado un volumen que recoge los estudios sobre este libro.

Xesús Fraga
 

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