La cartografía náutica portuguesa del siglo XVI fue muy apreciada no solo por los nuevos elementos relacionados con la navegación astronómica (elementos que estaban siendo introducidos por los portugueses en las cartas hidrográficas de tipo mapa portulano) sino también por el ámbito geográfico extraordinariamente amplio que abarcaban.
Se comprende que así fuera ya que los portugueses, pioneros de los descubrimientos geográficos desde el siglo XV, eran los únicos que desde principios del siglo XVI navegaban a la vez por el Océano Índico, América y China, Brasil y Japón, África e Indonesia, es decir, por todos los mares del mundo.
Los mediados del siglo XVI marcan una época que corresponde prácticamente al momento en que quedó consumado el ciclo de los descubrimientos geográficos más significativos; el Planeta quedó básicamente conocido para los europeos como es hoy (con excepción de algunas zonas demográficamente menos significativas). No es casualidad que este decisivo ciclo de la Historia de los Descubrimientos corresponda a un importante ciclo de la Historia de la Cartografía. Y no es casualidad que en ambos haya sido esencial la influencia portuguesa.
La obra cartográfica de Diogo Homem –el más prolífico de los cartógrafos portugueses– representa el ejemplo más emblemático de valía excepcional de la cartografía náutica producida en el Occidente Ibérico en el siglo XVI. El bellísimo atlas de Diogo Homem, fechado en 1565, será considerado siempre como una de las más brillantes realizaciones de esta cartografía.
Hasta ahora, este bellísimo atlas universal –uno de los estéticamente más significativos de la numerosa producción del autor– solo había sido objeto de algunas noticias breves y de algunas reproducciones fotográficas con medios limitados. Esta edición “casi-original”, reproduce el códice en todos sus aspectos, por lo que puede ser considerada como definitiva.