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  • f. 1r, Elbocasim de Baldach

    Tacuinum Sanitatis

     

    Tablas de la salud en medicina, donde se narran las seis cosas necesarias y la utilidad y perjuicios de la comida, la bebida y la vestimenta, así como el remedio de sus perjuicios según lo aconsejado por los mejores de los antiguos.
               Tablas de la salud de las seis cosas necesarias para cualquier hombre en la conservación cotidiana de su salud con su buen uso y efectos.
    • La primera es la disposición del aire que está en contacto con el corazón.
    • La segunda, el buen uso de la comida y la bebida.
    • La tercera, el buen uso del movimiento y el reposo.
    • La cuarta, el rechazo del cuerpo de mucho sueño y vigilias.
    • La quinta, el buen uso de la expulsión y retención de los humores.
    • La sexta, la regulación de la persona en la moderación de la alegría, la ira, el temor y la angustia.
               La conservación de la salud se encontrará en su equilibrio, mientras que su alteración provoca la enfermedad, con permiso del Dios glorioso y altísimo. Bajo estas seis categorías hay más especies, y muy necesarias, por lo que diremos su naturaleza Dios mediante. Mencionaremos las elecciones convenientes para cualquiera según su complexión y edad, y todo esto lo pondremos en tablas, ya que, a veces, el habla complicada de los sabios hastía a los oyentes, así como la diversidad de muchos libros contrapuestos. Los hombres no quieren de la ciencia sino ayuda; tampoco argumentos ni definiciones. Por eso, nuestra intención en este libro es abreviar discusiones prolijas y, especialmente, no añadir términos dispares. No obstante, nuestro propósito es no alejarnos de los verdaderos consejos de los antecesores.
                Por nuestra parte, ponemos en este libro orden y compilaciones, resúmenes de interpretaciones y deducciones de demostraciones que fortalecen la virtud de las palabras. Y no queremos seguir las voluntades de los hombres según las diversas concepciones de sus opiniones.
                Invocamos, por consiguiente, a Dios para que corrija nuestro intelecto, ya que la naturaleza humana apenas puede evitar los errores, y toda nuestra exposición sirve a nuestra moderada intención, para lo que pedimos al Señor Dios que nos conforte y auxilie con su beneplácito.