El nombre de la primera artista leonesa sale a la luz

El nombre de la primera artista leonesa sale a la luz


Se llamaba En, aunque en algunos casos ha pasado a la historia como Ende. Poco o nada se sabe de ella, pero, sin duda, fue una mujer con poder.

En la exposición El Reino de León y sus beatos, que acoge el palacio de Botines hay una pieza que llama poderosamente la atención. Se trata del códice de Gerona (en realidad se trata del facsímil realizado por Manuel Moleiro), un tesoro cuya transcendencia artística e histórica es sobresaliente. Artística, porque es el más iluminado de todos los que se han conservado. Histórica, porque encierra un misterio que los expertos no han sido capaces de descifrar. ¿Quién era En? ¿Cómo llegó a ser admitida en un gremio, el de los iluminadores, reservado de manera casi exclusiva a los hombres?

Dice el profesor John Williams que el códice llegó a Gerona en el siglo once como un regalo de un canónigo. «No sabemos cuál fue su hogar original, pero sí que fue escrito y pintado en San Salvador de Tábara», el mismo scriptorium en el que se realizó el de San Miguel de Escalada. ¿Como sabemos que las pinturas -”124 escenas evangélicas con un estilo que nunca fue superado-” se deben al impulso de una mujer? Ella misma se encargó de que su legado no desapareciera, y debajo de una gran letra Omega aparecen los nombres del escriba y los iluminadores: En depintrix et D(e)I aiutrix frater Emeritus et presbiter (En, pintora y sierva de Dios, (y) Emeterius, sacerdote). Eso es todo. Con ello, hay que levantar una hipótesis que ilumine el edificio de conjeturas que se han escrito sobre ella y lleve a vislumbrar quién fue En.

Para Williams, resulta complicado dilucidar el significado de la inclusión inesperada del nombre de una mujer y su posición privilegiada (aparece de manera predominante y con un tamaño mayor al de Emeterius) en el códice. El profesor de la Universidad de Pittsburgh añade que siempre se ha pensado que el único estatus posible para una mujer implicada en la producción de manuscritos medievales era el religioso. Es decir, En tendría que haber sido una monja. «Las monjas podían ser escribas. Leodegundia, por ejemplo, copió un Liber Regularum en León alrededor del año 930», explica. Además, Williams incide en el hecho cierto de que entonces había monasterios mixtos, que mantenía a monjes y monjas en alas separadas, pero bajo el mandato de un mismo abad o abadesa. Así, recuerda que, en la biografía del obispo Froilán, Tábara se identifica como un monasterio mixto.

Vayamos por partes. La etiqueta Dei aiutrix , sierva de Dios, ha sido entendida como la confirmación de su estatus religioso, pero en la Edad Media este título tenía también sentido honorífico y se destinaba a personas del ámbito civil, con alto rango social. Abunda en esta posibilidad el editor Manuel Moleiro y asegura que En fue la que dirigió el proceso de elaboración del códice. Defiende asimismo que tuvo que ser una persona rica y con recursos variados a su alcance. «Un ejemplo de ello es la cantidad de oro que se puede encontrar en las ilustraciones del manuscrito», sostiene.

Por otro lado, John Williams destaca que, a pesar de que el término depintrix no puede llevarnos a pensar de manera automática que En fue la pintora del beato, tampoco puede asumirse que no lo fuera. Y es que Williams desvela que la escritura y la iluminación se realizaban antes de que las páginas estuvieran cosidas, con lo que su presencia en el scriptorium no habría tenido por qué haber sido imperativa. Podría darse el caso de que esta mujer misteriosa realizara su obra sin necesidad de acudir al monasterio. Eso sí, tendría que haber residido necesariamente en Tábara o en sus inmediaciones. El profesor destaca que el hecho de que su nombre aparezca primero y en un formato ornamental favorece el hecho de que se trataba de una artista. «En cualquier caso, está claro que su estatus era especial, incluso si no podemos determinar cuál era». Una mujer rica, con un status predominante… pero sigue pareciendo excesivo que su nombre apareciera con tanto protagonismo. O no, porque hay que situar a los personajes en el escenario y en la época. España vivía una situación que la hacía absolutamente atípica: la Reconquista. La historia de aquel momento no estuvo protagonizada tan sólo por el rey. Hombres y mujeres anónimos tomaron parte activa en este proceso épico. A ellos se debe la voluntad de reconocer en unas tierras que eran ajenas sus propias tierras y pensar que tenían derecho a ir allí, poniendo en riesgo su propia vida.

Fue un momento de pioneros y, por eso, no resulta extraño ver cómo una mujer consigue poner su nombre por delante del de un hombre en un texto de carácter religioso. Y es que, como destacan Dorothy Miner, Marcia Growden y Annmarie Weyl Carr, gracias a En, el códice de Gerona despliega en sus pinturas una innovación iconográfica ausente en el resto de los beatos, con una policromía exuberante y un vigor en las formas desconocido hasta la fecha. «En es, sin duda, uno de los pintores europeos más importantes, expresivos e innovadores de su época».

CRISTINA FANJUL

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