“El cine empezó en un códice miniado”

“El cine empezó en un códice miniado”


EL ARTE DE LA PERFECCIÓN
De San Facundo de Cea, como el mejor pan, este ourensano que roza los 50 lleva quince años editando desde Barcelona, con su sello Moleiro Editor, reproducciones tan exactas de códices, mapas y libros miniados de entre los siglos VIII Y XVI que, para ser clones, les falta respirar. Si es que no respiran...

- Así que hace usted clones. Como se entere la Conferencia Episcopal...
- Siempre he tenido buenas relaciones con el clero, no se preocupe.

- Porque son de libros, los clones.
- Pasé seis años de mi vida examinando una por una las miniaturas de la Biblia de San Luis, 4.887 historias bíblicas pintadas en el siglo XIII. ¿No le parece mérito suficiente para ganarse un asiento al lado de san Pedro?

- Un asiento no: una fila entera. ¿Y después distingue la copia del original?
- Yo sí, pero en el tesoro de las catedrales de Toledo y Girona, y en varios museos, miles de personas ven cada día mis códices en una vitrina y jurarían ante la Santa Inquisición que han visto los originales.

- Mientras la Santa Inquisición tampoco los distinguiese...
- ¿Sin decírselo? Tampoco.

- Hombre, oler, no olerán a Edad Media, sus códices...
- ¿Cómo que no? Las pieles de las cabras, las vacas, las serpientes, huelen igual hoy que en los siglos X, XII o XIV. El truco es usar lo mismo. Y asómbrese: hay códices encuadernados en piel de raya y tiburón.

- Entonces un buen códice, con sus miniaturas y sus cosas, ¿es el antecedente del cómic, o del cine subtitulado?
- Del cine, sin duda. Las miniaturas de la Biblia de San Luis y el Apocalipsis 1313 son los fotogramas de una fastuosa película.

- ¿Y se imagina usted a las madres de los miniaturistas diciéndoles que no pintasen en los libros, como hacía la mía conmigo?

- Me las imagino, pero por motivos distintos.

- Cuente, cuente.
- Era un trabajo fatal. Algunas tintas, especialmente el bermellón, contienen mercurio y azufre: al calentarlas para evitar la solidificación emiten gases que afectan al cerebro.

- Quedaban groguis, los tíos...

- Ajá: póngase en madre... En el Beato de Silos, el miniaturista llega a pedirle al lector que no toque con los dedos el códice: a él le había costado la salud.

- Mire de dónde sacó Eco 'El nombre de la rosa'... Usted, de vivir en el siglo XV, ¿leería los libros, o miraría los cromos?
- Yo me los llevaría a casa, que es lo que hicieron Isabel la Católica, Napoleón, el Duque de Berry, Caterina la Grande... Y luego, pues ya vería.

- Ya... Porque, ¿quién decide qué se ve de un códice valioso en el museo que lo guarda?
- El comisario correspondiente. Los comisarios siempre enseñan las mismas páginas. Dos: una par y otra impar. Pero siempre las mismas.

- Por eso se dedica usted a copiar códices, no lo niegue: para rebelarse contra el antojo de esos señores.
- Por supuestísimo.

- En su catálogo veo cosas de 500 euros, y las veo de 15.000. ¿Para comprarle algo hay que tener más alto el nivel cultural, o el de rentas?
- El nivel de rentas, por lo general, tiene más que ver con la cultura del ladrillazo que con la de los códices.

- Cambiaré la pregunta: ¿usted gastaría lo que cuesta una biblioteca en uno de sus libros?
- Mis libros son muy baratos. Valen mucho más de lo que cuestan. Algún día se pagarán fortunas por cada uno de los 987 ejemplares de cada edición única que hago, créame.

- Le creo. ¿Pero por qué 987 ejemplares, y no, pongamos, mil?

- El número 1.000 representa un tiempo indefinido; el 7, la perfección, la totalidad. No sé si lo entiende ahora.

- El arte de la perfección, que le tituló 'The Times'...
- Exactamente.

- Bush tiene en su casa un Libro de Horas de Carlos VIII de los que hace usted perfectos. ¿Sabe si en la estantería o calzando una mesa?
- Sé que la señora Bush se veía feliz y orgullosa enseñándolo en las fotos. Y que también Clinton y Carter tienen libros míos.

- ¿Y sabe si los libros arden tan mal como dice Manuel Rivas, o se me va a volver a hacer el longuis, como con la pregunta de Bush?
- Pregúnteles a las compañías de seguros: para ellas los libros son más combustibles que los montes, y uno lo nota en los recibos. Pero yo prefiero pensar como Rivas.

- Salve un libro de una inundación, entonces.
- ¿Sólo uno? Uf. Dudaría más que Hamlet.

- Seré malo, para terminar: ¿le gustan más los libros, o lo que ponen?
- No sé. Compro muchos y siempre digo que los ojearé todos, con y sin h, al menos una vez en la vida. Y lo haré.

- Por eso edita libros, ¿ve?: es usted un optimista.

ROBERTO G. MÉNDEZ
 

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