Probablemente la historia que aquí se ilustra está tomada de la obra más famosa de la literatura árabe, la compilación conocida como Las mil y una noches, basada a su vez en gran número de fuentes orales y escritas. Uno de los relatos de Simbad el Marino refiere su encuentro con un anciano en una isla desierta donde había naufragado. Simbad le ayudó cargándoselo a la espalda, pero el anciano del mar enroscó fuertemente las piernas en torno al cuerpo de Simbad y ya no le quiso soltar, antes bien le mandaba ir de acá para allá y le pegaba cada vez que el marino se atrevía a protestar. Por fin Simbad llegó a una viña donde cogió unas uvas con las que hizo un zumo que puso al sol. Cuando hubo fermentado se lo dio a beber al anciano, y éste se emborrachó y le abandonaron las fuerzas. En seguida el marino se lo quitó de encima, lo tiró al suelo y lo mató con una piedra.
Una vez más, para comprender la historia es preciso comparar esta miniatura con su modelo en el Kitab al-bulhan (f. 43r), donde la escena se sitúa ante una alta cepa con un cubo de vino en el suelo, junto a las dos figuras entrelazadas. En la pintura otomana el artista solo ha conservado a los dos hombres en la misma posición, el anciano del mar representado como un pez de cabeza humana y brazos –no piernas, como dice el relato– enroscados en torno al cuerpo de Simbad. Este ser tiene dos cuernos puntiagudos que no aparecen en el Kitab al-bulhan. Pero en el caso presente no hay rastro de la viña ni del vino que pondrá fin a la historia. Por el contrario, deliberadamente o no, la escena se desarrolla en un despejado paisaje costero, con un pez de gran tamaño en el primer término y una casa sobre un promontorio lejano, inmediatamente después de que Simbad, habiendo rescatado del mar al anciano, haya quedado atrapado por él.
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