Livro do Golfe (Livro de Horas)

f. 24v


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La imagen principal del folio 24v. muestra, en primer plano, a un noble montado sobre su caballo para practicar el arte de la halconería. El hombre viste sayo azul con escote cuadrado que deja asomar una camisa cerrada con cuello alto, lleva sombrero adornado con plumas, guante en la mano derecha, calzas enteras y botas borceguíes; una cadena de oro rodea su cuello, y un halcón, posiblemente peregrino, está posado en su mano izquierda, cubierta con una lúa. El caballo no sólo era una montura, era un signo de nobleza, un identificador tanto social, como moral y material, esto es, un instrumento de prestigio. Lo acompañan sirvientes que portan alcándaras –varas altas forradas de tejido suave– para que descansen las aves y para sacudir árboles y matorrales con el fin de hacer volar la caza y, también, un halcón peregrino y un azor, todos ellos con capuz, pudiendo distinguirse la lonja o correa unida a las pihuelas para asegurar el ave en la mano del cetrero. Los criados visten jubón –el del extremo derecho, lleva encima un coleto–, camisa cerrada de cuello alto, y calzas compuestas por muslos y medias con cenojiles anudados sobre éstas; están tocados con gorras, una de ellas ornada de plumas blancas. Los siguen dos perros cuya función es levantar y traer la caza una vez que el halcón la haya abatido.

El motivo de la caza con halcón es de origen oriental: no se han encontrado modelos en el arte clásico; sin embargo, en el arte chino de la dinastía Tang el tema ya existía. El tema cinegético más representado en los calendarios del occidente latino fue la cetrería. Su práctica, que se introdujo en los primeros siglos del Cristianismo, procede de oriente medio, llegando a convertirse, con el tiempo, en el pasatiempo preferido de la aristocracia. Uno de los primeros testimonios iconográficos del tema procede de uno de los paneles musivarios del pavimento de la Villa del Halconero en Argos, donde se ilustran diversos momentos de la caza de aves con halcón. En la Edad Media, su aparición es tardía: la primera representación en un calendario –aunque aplicado al mes de mayo–, se encuentra en los del Salterio de Winchester y del Salterio de Saint Albans, ambos realizados en la tercera y cuarta década del siglo XII, respectivamente. El modelo utilizado en el Libro del Golf es inglés, frente al tipo francés, en donde el jinete, con el halcón en la mano, aparece de pie junto al caballo. En el xiv, las representaciones de la caza con halcón son más abundantes. Puede verse en la Alegoría del Buen Gobierno de Ambroggio Lorenzetti y, en el contexto del ciclo del calendario, en el fresco de la Torre Aquila del castillo de Trento que representa el mes de septiembre. Lo que parece indudable es que este motivo procede de fuentes ajenas a las tradicionales de los calendarios, como tratados médicos, de caza o, incluso, romans. La cetrería era una de las actividades preferidas de la nobleza; prueba de poder y de riqueza, favorecía la sociabilidad y los juegos refinados, manifestaba la elegancia y la cortesía de los señores y formaba parte de la convivencia aristo­crá­tica.

Carlos Miranda García-Tejedor
Doctor en Historia


f. 24v, Julio, el arte de la halconería

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f. 24v

La imagen principal del folio 24v. muestra, en primer plano, a un noble montado sobre su caballo para practicar el arte de la halconería. El hombre viste sayo azul con escote cuadrado que deja asomar una camisa cerrada con cuello alto, lleva sombrero adornado con plumas, guante en la mano derecha, calzas enteras y botas borceguíes; una cadena de oro rodea su cuello, y un halcón, posiblemente peregrino, está posado en su mano izquierda, cubierta con una lúa. El caballo no sólo era una montura, era un signo de nobleza, un identificador tanto social, como moral y material, esto es, un instrumento de prestigio. Lo acompañan sirvientes que portan alcándaras –varas altas forradas de tejido suave– para que descansen las aves y para sacudir árboles y matorrales con el fin de hacer volar la caza y, también, un halcón peregrino y un azor, todos ellos con capuz, pudiendo distinguirse la lonja o correa unida a las pihuelas para asegurar el ave en la mano del cetrero. Los criados visten jubón –el del extremo derecho, lleva encima un coleto–, camisa cerrada de cuello alto, y calzas compuestas por muslos y medias con cenojiles anudados sobre éstas; están tocados con gorras, una de ellas ornada de plumas blancas. Los siguen dos perros cuya función es levantar y traer la caza una vez que el halcón la haya abatido.

El motivo de la caza con halcón es de origen oriental: no se han encontrado modelos en el arte clásico; sin embargo, en el arte chino de la dinastía Tang el tema ya existía. El tema cinegético más representado en los calendarios del occidente latino fue la cetrería. Su práctica, que se introdujo en los primeros siglos del Cristianismo, procede de oriente medio, llegando a convertirse, con el tiempo, en el pasatiempo preferido de la aristocracia. Uno de los primeros testimonios iconográficos del tema procede de uno de los paneles musivarios del pavimento de la Villa del Halconero en Argos, donde se ilustran diversos momentos de la caza de aves con halcón. En la Edad Media, su aparición es tardía: la primera representación en un calendario –aunque aplicado al mes de mayo–, se encuentra en los del Salterio de Winchester y del Salterio de Saint Albans, ambos realizados en la tercera y cuarta década del siglo XII, respectivamente. El modelo utilizado en el Libro del Golf es inglés, frente al tipo francés, en donde el jinete, con el halcón en la mano, aparece de pie junto al caballo. En el xiv, las representaciones de la caza con halcón son más abundantes. Puede verse en la Alegoría del Buen Gobierno de Ambroggio Lorenzetti y, en el contexto del ciclo del calendario, en el fresco de la Torre Aquila del castillo de Trento que representa el mes de septiembre. Lo que parece indudable es que este motivo procede de fuentes ajenas a las tradicionales de los calendarios, como tratados médicos, de caza o, incluso, romans. La cetrería era una de las actividades preferidas de la nobleza; prueba de poder y de riqueza, favorecía la sociabilidad y los juegos refinados, manifestaba la elegancia y la cortesía de los señores y formaba parte de la convivencia aristo­crá­tica.

Carlos Miranda García-Tejedor
Doctor en Historia


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