Vivir el principio de maravilla


El Reial Cercle Artístic de Barcelona acoge reproducciones de los grandes códices iluminados


Carlos Sala – Barcelona
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La luz de las velas surgían como el silbido de un monstruo devorador. Nunca una pequeña llama, ese tenue fulgor nervioso y agitado, había dejado ver tantos horrores. La oscuridad le asustaba, pero la luz, ¡esta luz!, era todavía peor. El iluminador Colin Chadelve estaba en su estancia trabajando en imágenes de horror y tortura con las que dar forma al apocalipsis. Había dormido y trabajado en esa misma estancia desde principios de 1313 y 162 miniaturas después, todas aquellas imágenes parecían haber cobrado vida y perseguirle. Los rojos eran violentos y amenazadores, los azules vivos, arremolinados, a punto de caer encima suyo, y los amarillos eran doradas cuerdas lanzadas para azotarle desde todas las coordenadas. Sólo si dibujaba sentía cierta calma, como si los monstruos le perteneciesen y no pudiesen dañarle nunca controlados por su voluntad.
 
Pero aquella noche estaba trabajando en la última ilustración del infierno, y sentía que después todo el horror camparía libre para atormentarle. Y la luz, la luz era más intensa que nunca y lo veía todo, lo oía todo, lo sentía todo, y no podía mantener la serenidad. El último oro cayó para cubrir la tempesta de la trompeta y Chadelve, angustiado, sabía que había terminado el libro. Antes de que pudiera ver qué ocurriría con él, se giró como el fuego y apagó las velas para quedarse para siempre a oscuras. El negro lo cubrió todo, pero, en segundos, las ilustraciones de su «Apocalipsis 1313» empezaron a lanzar luz y belleza desde el corazón de sus páginas. Qué códice tan excepcional. Pensar que siete siglos después podemos disfrutar todavía con sus milagros.
 

Ver lo imposible

El Reial Cercle Artístic de Barcelona acoge hasta el 10 de diciembre la exposición «El gabinete de las maravillas: códices iluminados de las mejores bibliotecas del mundo», que recoge reproducciones clónicas de dichas ilustraciones realizadas por la editorial Moleiro, gran referente en este tipo de trabajos, con acceso a las más grandes bibliotecas del mundo, de la British Library a la Bibliotheque Nationale de France. En total son una treintena de obras que cubre siete siglos de maravillas con temas que van de la religión y espiritualidad a la medicina, la alquimia o la cartografía.
 
Entre los hallazgos que se pueden ver en la exposición destaca el «Salterio Aglo-Catalán», creación que se inició en Canterbury en el año 1.200 en un estilo gótico lineal y se acabó en la mismísima Barcelona en 1.340, ya bajo la influencia del gótico italianizante, y con la firma de Ferrer Bassa, conocido como el Giotto catalán. Puede verse en la firme definición de los cuerpos de sus figuras, capaces de una sorprendente expresividad dentro de su rocosa fuerza. De Bassa también se puede ver el «Libro de Horas de María de Navarra», el primero de esta clase pintado en la península ibérica por encargo de Pedro el Ceremonioso.
 
A partir de aquí, el visitante puede perderse en el tiempo ante la observación de estas delicias y sentir una auténtica iluminación rimbaudiana, ya sea con el «Beato de Girona», del siglo X, al «Tractatus de herbis», los fastuosos mapas, el «Libro de la caza de Gaston Febus» o el «Apocalipsis de Val Dieu».


 

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