Atlas Miller

Atlas Miller Golfo de China
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Golfo de China

Esta carta es quizá la más hermosa de todo el Atlas Miller, pero también la más falsa, hasta el punto de que, sin exagerar, puede decirse que constituye una auténtica mixtificación.
Magnus Sinus, o “Gran Golfo” es, en la Geographia de Tolomeo, el golfo situado más allá de la Aurea Chersonesus, o sea de la Península de Malaca, que lo limita por occidente, extendiéndose hacia oriente hasta la supuesta tierra firme que, uniendo China al África meridional, haría del Índico un mar cerrado. En Tolomeo, sin embargo, alcanza sólo 18º N en su máxima latitud, lo que hace pensar que, en definitiva, representa una fusión del golfo de Siam, que alcanza al norte los 13º 30’ N, con el golfo de Tonkin (la ensenada de Cochinchina en cartas y crónicas portuguesas) y el mar de la China meridional, que se extiende hasta una latitud de c. 22º N. En el presente mapa, el golfo alcanza al norte los 45º de latitud, sin que llegue a saberse cuál es su límite meridional, pues por ambas bandas las costas se prolongan hasta el Ecuador, límite inferior de la carta, dando la impresión de que continúan más allá. De ahí resulta una manifiesta incongruencia: aparte de que, en ambas bandas del golfo, no hay concordancia entre los topónimos registrados en esta carta y los de la precedente, el trazado de la margen occidental del golfo no coincide, ni de lejos, con el de la carta de las “Partes del Sur”, donde la costa corría grosso modo en el sentido NE-SW, presentaba dos notorios entrantes e iba a morir en la punta de Singapur, situada, con bastante corrección a 1º 3/4 de latitud norte –a la vez que aquí corre en el sentido norte sur, sin que se vislumbre dónde termina–. La carta se aparta de Tolomeo al representar relleno de islas un golfo que, en las tablas de Planudes, dibujadas con base en las tablas de longitudes y latitudes del geógrafo alejandrino, no contiene ninguna isla.
En el momento en que fue dibujado el Atlas Miller varias expediciones portuguesas ya habían llegado a China: en 1513 había estado allí Jorge Álvares, a bordo de un junco adquirido el año anterior en Pegu, armado a medias entre la Corona y Nina Chatu, rico mercader tamul de Malaca; al año siguiente fue Rafael Perestrelo quien hizo buenos negocios en Cantón; en 1516-1517, la flota de Fernão Peres de Andrade dejó en China, como primer embajador portugués ante el Hijo del Cielo, al conocido Tomé Pires; y en 1519, la desastrada expedición de Simão de Andrade, hermano de Fernão Peres, perturbó por mucho tiempo las relaciones chino-portuguesas, aunque de este fracaso no se podía aún saber nada en Portugal cuando se realizó nuestro atlas. Sea como fuere, el Livro de Francisco Rodrigues, completado en 1514, dibuja ya con relativa corrección las costas del Celeste Imperio, representándose incluso, por lo que parece, la ciudad de Pekin (Beijing) y quizá también el Japón. El Atlas Miller desprecia o escamotea toda esa información, limitándose a señalar la tierra de los Chiis, en el margen occidental del golfo sobre el Ecuador (sic!) y a dar a la gran ensenada, al lado de su nombre tolemaico, Magnus Sinus, el nombre de Gran Golfo del Mar de los Chinas. Es lo que se lee en la leyenda en medio del mar:
«Este es el gran golfo del mar de los Chinas, en el que hay grandes islas en las que se trafica con todos los géneros de ricas mercancías».
Se notará la adopción de las formas portuguesas “chins” y “chinas” en vez de la forma romana “Sinae”, que designaba a los habitantes de esta región, y “Thina” que designaba su capital. En Tolomeo el golfo era, como bien sabemos, “el gran golfo”; pero la región correspondiente a su banda oriental aparece en los mapas como Sinarum Regio o Sinarum Situs, dependiendo de las ediciones. Todas esas formas se remontan, en último término, al nombre de la dinastía que en el 221 a.C. unificó China, los Ch’in (en otras transcripciones Ts’in o Qin)109. Verdad es que la dinastía sólo logró mantenerse en el poder catorce años, siendo sustituida en el 206 a.C. por la de los Han, que, con una pequeña interrupción entre los años 9 y 25 de nuestra era, reinaría hasta el 220 d.C. Sin embargo, su fama se extendió por el Asia meridional acabando el nombre de “China” por ser adoptado en sánscrito, en persa, en malayo, etc. para designar el conjunto del país, uso que se ha perpetuado hasta nuestros días. De ahí también en árabe (lengua que no posee el fonema ch) la forma Çîn, con una sibilante enfática. En China este uso no acabó imponiéndose, pues los chinos prefirieron designarse a sí mismos por los nombres de otras dos dinastías más recientes pero más duraderas, la Han (209 a.C.-220 d.C.) y T’ang (618-907). En Occidente, el nombre Sinae acabó en la Edad Media siendo suplantado por el de Catay, popularizado por Marco Polo, que transcribe el nombre de los Khitai o Khitan, tribu tártara que en el siglo X fundó en Manchuria la dinastía Liao, que dominó Mongolia y la China septentrional desde el 907 hasta el 1124, y sobrevivió en el Turquestán hasta el 1201 ó 1211. Por lo que sabemos, el término “chim” no reaparece hasta el año 1502, en el planisferio llamado de Cantino. En nuestra carta representa la única concesión que el cartógrafo hace, tanto a la modernidad como a la realidad de las cosas, pues todo lo demás resulta bastante fantasioso.


Luís Filipe Thomaz
Director del Instituto de Estudios Orientales de la Universidad Católica Portuguesa
(Fragmento del libro de estudio Atlas Miller)

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