Beato de Liébana, códice de Fernando I y doña Sancha

Beato de Liébana, códice de Fernando I y doña Sancha f. 205, Visión del Cordero sobre el monte Sión, (Apoc. XIV, 1-5)

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f. 205, Visión del Cordero sobre el monte Sión, (Apoc. XIV, 1-5)

En contraste con lo anterior llegamos a una visión jubilosa. El Cordero está en pie en el monte Sión y con él los 144.000. Se oye la voz del cielo y enseguida un cántico ante el trono, los ancianos y los seres, que sólo pueden cantar los 144.000, que son vírgenes y siguen al Cordero. Beato participa en sus explicaciones de ese ambiente jubiloso. El Cordero es Cristo y Sión, la especulación o meditación contemplativa (“speculatio contemplationis”). Los 144.000 son los que forman la Iglesia y siguen al Cordero. El canto nuevo es la predicación de Cristo. Si se les llama vírgenes, no es que lo sean físicamente. También son vírgenes los que han mantenido púdicas relaciones con mujeres, esto es, los casados. Habla de los hombres porque son fuertes, no de las mujeres, que no lo son.

Probablemente sea el Beato de Gerona el que ofrece una visión más esplendorosa (ff. 189v-190), al ocupar un doble folio en composición de rigurosa simetría, sin que haya introducido ningún cambio especial respecto a lo que ya se encontraba en el Beato de Magio (f. 174).

Parte del acierto de estas miniaturas reside en el juego de la asimetría y la compensación de masas. Ninguno supera al miniaturista de Fernando I en estos asuntos. El gran arco celeste que separa cielo y tierra atraviesa el folio de derecha a izquierda. Arriba está el tetramorfos, bajo su aspecto teriomórfico (en el Beato de Gerona se encuentran los seres en forma animal), agrupado de dos en dos, marcando los círculos ya conocidos inspirados en el Antiguo Testamento; las restantes figuras son los ancianos.

En el plano terrestre, en el Beato de Facundo se ha concebido el monte como una pirámide de pisos cada uno formado por un número progresivamente inferior de arcos casi parabólicos, cuya cumbre ocupa el Cordero. A los lados, los 144.000 elegidos empuñan todos instrumentos de cuerda pulsada: “agnus stans in monte Simón et cu meo centu(m) qudragi(n)ta quattor milia habentes cytharas”.

Joaquín Yarza Luaces
Universidad Autónoma de Barcelona
(Fragmento del libro de estudio Beato de Fernando I y Doña Sancha)


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