Beato de Liébana, códice de Fernando I y doña Sancha

f. 253v, La Jerusalén que desciende del cielo


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Pocas imágenes del Apocalipsis han sido tan utilizadas luego en busca de elementos simbólicos respecto al paraíso o a la gloria. La iglesia o la catedral son la Jerusalén celeste. La catedral gótica con los ventanales prodigiosos por los que entra la luz coloreada como si se tratara de un muro de gemas es imagen igualmente de la Jerusalén celeste. Un capítulo entero se le dedica a describirla, aunque el texto parece reiterativo y por dos veces se comenta que Juan ve cómo la ciudad desciende del cielo, mientras se la señala un ángel. Es cuadrada y en cada uno de los cuatro lados se abren tres puertas. Es de oro y de piedras preciosas y brilla con una luz propia. Tiene un patio central al que accede el ángel y lo mide con una vara. No requiere luz porque está iluminada por el Cordero. En cada puerta hay un ángel, los nombres de las doce tribus de Israel y los nombres de los apóstoles, como fundamento de ellas. Estos fundamentos se vinculan a doce piedras.

En tradiciones en las que el ilusionismo espacial de recuerdo clásico estaba menos lejos, se acercaron a un tipo de composición en la que Juan está en un monte y ve en perspectiva más o menos convincente la Jerusalén que desciende, como en el Apocalipsis de Bamberg (f. 55). En otras tradiciones altomedievales es muy esquemático, como en el Apocalipsis de Valenciennes (Valenciennes, Bibliothèque Municipale, Ms. 99, f. 38) del siglo IX y su entorno. La solución de los Beatos es profundamente original y, tal vez por ello, es una de las pocas imágenes que ejerció influencia en Inglaterra e Italia.

Juan no la ve desde fuera, sino que está situado en su patio central. El modelo sería una fortaleza de planta cuadrada, con un gran patio central. Para que se perciban mejor, los muros que se suponen verticales se abaten sobre la planta del patio, de manera que se perciben en planta en su verdadera dimensión. Así contemplamos un nuevo cuadrado en el que la zona media la ocupa el patio y los límites de cada lado lo marcan los planos abatidos de las murallas respectivas, llenando la superficie que quedaría vacía en torno a los vértices con unos motivos ornamentales. Cada muro tiene tres puertas bajo arco de herradura y está flanqueada por unos elementos arquitectónicos que terminan como en torrecillas almenadas, como almenado estaba todo el perfil de los muros. Ante la imposibilidad de representar a ángeles, imágenes de las tribus y apóstoles, se ha optado por situar a la entrada de cada abertura una figura sobre cuya cabeza (a veces apoyada, a veces más alta) está una de las piedras, todas coloreadas de modo distinto, buscando una semejanza con el color real de las mismas. Los personajes podrían ser los ángeles, pero llevan nombres que corresponden a los apóstoles.

En el lado superior está Pedro relacionado con el jaspe; Andrés y el zafiro; Judas con la calcedonia. A la derecha, Simón Zelote y la esmeralda; Bartolomé y la sardónice; Santiago y la cornalina. Abajo, Juan y el crisólito; Felipe y el berilo; Tomás y el topacio. A la izquierda, finalmente, Santiago y la crisoprasa; Mateo y el jacinto; Matías y la amatista. Un poco más arriba se describe cada piedra y sus propiedades. Estas descripciones parecen provenir de las Etimologías (XVI, 7-8) de san Isidoro, aunque no son sino resúmenes de ese texto, por lo que cabría creer que existió algún texto intermedio. El suelo del patio está como enlosado con losetas rojizas y en él se encuentra el ángel, que mide sus lados con una larga vara, Juan con el libro y el Cordero, como se anunciaba en el texto.

Ya comentamos que se trata de una imagen de gran impacto visual que sirvió de modelo más o menos próximo en medios plásticos diferentes. En las pinturas norteitalianas de Civate hay una Jerusalén de este tipo, pero en el posterior Apocalipsis del Trinity College, inglés (Cambridge, Trinity College Library, Ms. R. 16.2, f. 25), ya del siglo XIII, la semejanza es muy estrecha.

Joaquín Yarza Luaces
Universidad Autónoma de Barcelona
(Fragmento del libro de estudio Beato de Fernando I y Doña Sancha)

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Pocas imágenes del Apocalipsis han sido tan utilizadas luego en busca de elementos simbólicos respecto al paraíso o a la gloria. La iglesia o la catedral son la Jerusalén celeste. La catedral gótica con los ventanales prodigiosos por los que entra la luz coloreada como si se tratara de un muro de gemas es imagen igualmente de la Jerusalén celeste. Un capítulo entero se le dedica a describirla, aunque el texto parece reiterativo y por dos veces se comenta que Juan ve cómo la ciudad desciende del cielo, mientras se la señala un ángel. Es cuadrada y en cada uno de los cuatro lados se abren tres puertas. Es de oro y de piedras preciosas y brilla con una luz propia. Tiene un patio central al que accede el ángel y lo mide con una vara. No requiere luz porque está iluminada por el Cordero. En cada puerta hay un ángel, los nombres de las doce tribus de Israel y los nombres de los apóstoles, como fundamento de ellas. Estos fundamentos se vinculan a doce piedras.

En tradiciones en las que el ilusionismo espacial de recuerdo clásico estaba menos lejos, se acercaron a un tipo de composición en la que Juan está en un monte y ve en perspectiva más o menos convincente la Jerusalén que desciende, como en el Apocalipsis de Bamberg (f. 55). En otras tradiciones altomedievales es muy esquemático, como en el Apocalipsis de Valenciennes (Valenciennes, Bibliothèque Municipale, Ms. 99, f. 38) del siglo IX y su entorno. La solución de los Beatos es profundamente original y, tal vez por ello, es una de las pocas imágenes que ejerció influencia en Inglaterra e Italia.

Juan no la ve desde fuera, sino que está situado en su patio central. El modelo sería una fortaleza de planta cuadrada, con un gran patio central. Para que se perciban mejor, los muros que se suponen verticales se abaten sobre la planta del patio, de manera que se perciben en planta en su verdadera dimensión. Así contemplamos un nuevo cuadrado en el que la zona media la ocupa el patio y los límites de cada lado lo marcan los planos abatidos de las murallas respectivas, llenando la superficie que quedaría vacía en torno a los vértices con unos motivos ornamentales. Cada muro tiene tres puertas bajo arco de herradura y está flanqueada por unos elementos arquitectónicos que terminan como en torrecillas almenadas, como almenado estaba todo el perfil de los muros. Ante la imposibilidad de representar a ángeles, imágenes de las tribus y apóstoles, se ha optado por situar a la entrada de cada abertura una figura sobre cuya cabeza (a veces apoyada, a veces más alta) está una de las piedras, todas coloreadas de modo distinto, buscando una semejanza con el color real de las mismas. Los personajes podrían ser los ángeles, pero llevan nombres que corresponden a los apóstoles.

En el lado superior está Pedro relacionado con el jaspe; Andrés y el zafiro; Judas con la calcedonia. A la derecha, Simón Zelote y la esmeralda; Bartolomé y la sardónice; Santiago y la cornalina. Abajo, Juan y el crisólito; Felipe y el berilo; Tomás y el topacio. A la izquierda, finalmente, Santiago y la crisoprasa; Mateo y el jacinto; Matías y la amatista. Un poco más arriba se describe cada piedra y sus propiedades. Estas descripciones parecen provenir de las Etimologías (XVI, 7-8) de san Isidoro, aunque no son sino resúmenes de ese texto, por lo que cabría creer que existió algún texto intermedio. El suelo del patio está como enlosado con losetas rojizas y en él se encuentra el ángel, que mide sus lados con una larga vara, Juan con el libro y el Cordero, como se anunciaba en el texto.

Ya comentamos que se trata de una imagen de gran impacto visual que sirvió de modelo más o menos próximo en medios plásticos diferentes. En las pinturas norteitalianas de Civate hay una Jerusalén de este tipo, pero en el posterior Apocalipsis del Trinity College, inglés (Cambridge, Trinity College Library, Ms. R. 16.2, f. 25), ya del siglo XIII, la semejanza es muy estrecha.

Joaquín Yarza Luaces
Universidad Autónoma de Barcelona
(Fragmento del libro de estudio Beato de Fernando I y Doña Sancha)

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