Las Grandes Horas de Ana de Bretaña

Las Grandes Horas de Ana de Bretaña f. 175v, San Sebastián

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f. 175v, San Sebastián

La leyenda cuenta que san Sebastián llegó a convertirse en capitán de la guardia pretoriana del emperador Diocleciano. Sin embargo, cuando se descubrió que era cristiano, los arqueros lo asaetearon. A pesar del martirio, el maestro Bourdichon ha representado al santo expresando gran serenidad y confiando en el triunfo de la fe sobre el sufrimiento físico. De ahí que alce la mirada hacia el cielo. Contribuye a esta serenidad, el plácido paisaje marítimo que enmarca la escena.
A mediados del siglo XV fue imponiéndose el tipo juvenil para representar al santo, mostrándolo con el torso desnudo en el momento del martirio, como en el Libro de oraciones de Carlos el Calvo (f. 29r) o prácticamente sin ropaje, como en una miniatura, de hacia 1440, del Maestro de los Privilegios de Gante (Baltimore, The Walters Art Gallery, W. 719, f. 134r.). De hecho, en el Renacimiento italiano, la forma más frecuente de representarlo fue casi sin ropaje, como en esta escena.
Durante la Edad Media, san Sebastián gozó de una popularidad inmensa, que provenía del poder que se le atribuía contra la peste, en una época en que las epidemias diezmaban la población. Su patronazgo contra esta enfermedad se debe a su intervención durante la peste que asoló Roma en el año 680. A partir de entonces, y siguiendo el ejemplo de los romanos, se le invocaría contra esta afección.


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