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Insulindia

Toda la mitad occidental de Insulindia está representada de forma caótica como un inmenso laberinto de islas –lo que puede constituir un expediente para disuadir de la demanda de las Molucas, perdidas detrás de aquel dédalo impenetrable de islas y de islotes. Una leyenda colocada junto al extremo septentrional de Sumatra, designada aquí como Taprobana Insula, reproduce ipsis verbis una frase de la Geographia de Tolomeo:

«Antes y después de Taprobana hay multitud de islas, que dicen son en número de mil trescientas setenta y ocho, de las cuales las que traen nombre son estas».

Al norte de Sumatra, en línea con Andamán y Nicobar, se sitúan las islas de Gamispolá, de las que habló Marco Polo, señaladas por un topónimo en minúsculas y por una gran leyenda latina en una banderola. Es topónimo frecuente tanto en las crónicas como en la cartografía, y corresponde al grupo de islas formado por Pulo Weh, Pulo Bras o Lampujang y Nasi Besar o Dedap, frente a la costa de Aceh (Acheh o Atjeh), del que quedan separadas por el canal de Bengala (Lintasan Benggala) a c. 5º 40’ N, 95º 12’ E. Aunque tal nombre, por lo que sabemos, haya desaparecido del uso moderno y no conozcamos la forma local que transcribe, sin duda es de origen malayo, como atestigua el elemento polá (malayo pulau, “isla”) que forma parte de él. Aventuramos como hipótesis que quizá transcriba la expresión gamis pulau, que significa literalmente “camisa de la isla”, aludiendo a su disposición en torno de Sumatra como un envoltorio exterior.

Sigue la gran isla de Sumatra, aquí designada como Taprobana Insula, y, como tuvimos ocasión ya de señalar, muy prolongada hacia el sur, ya que su extremo meridional, dibujado a 13º 45’ en vez de a 4º S, se halla desplazado hacia el sur unos 9º y 3/4. Comatra, que debe leerse Çomatra, es, como en el planisferio “de Cantino”, no el nombre de la isla, sino el del puerto que realmente le dio nombre: Samudera, localidad contigua a Pasai (5º 10’ N, 97º 12’ E), y por eso se dice a veces Samudera-Pasai, el primer estado de Insulindia que se convirtió al islam, lo que tuvo lugar hacia 129591. Ya en el mapa de Fra Mauro las dos designaciones aparecen como equivalentes, como explica una leyenda que dice “Isola Siamotra over Taprobana”.

La confusión terminológica radica, en último término, en el hecho de que Ceilán sea designada en sánscrito con diversos nombres, Tâmraparn.a o Tâmraparn.î, Sim.hala, Ratnadvîpa (“isla de las joyas”), Lanká o Srî Lankâ (“la próspera Lancá”), etc., estos últimos de consonancia más literaria. Es, evidentemente, el primero, atestiguado desde c. 247 a.C., en el segundo edicto sobre roca de Asoka (primer unificador de la India), el que está en el origen del topónimo grecorromano Taprobana, usado por Plinio y por muchos otros autores antiguos a partir de Onesícrito, compañero y cronista de Alejandro. A mediados del siglo vi debía de haber caído ya en desuso en la India, pues Cosme Indicopleustes, que se refiere a él varias veces, se toma el trabajo de explicar que a la isla llamada por los griegos Taprobana le llaman los indios Seladiva o Sieladiva. Este último nombre representa una transcripción aproximada de Sim. haladvîpa, “Isla de Sim. hala”, de donde deriva la forma latina Serendivae (subentendiéndose insulae), usada c. 362 por Amiano Marcelino. De ahí proviene también la forma árabe Sarandîb, corriente en los textos de geografía islámica medieval a partir del Ah.bâr-al-Çîn wa’l-Hind y del Kitâb al-masâlik w’al-mamâlik (“Libro de los itinerarios y de los reinos”) de Ibn Khurradâbhbih, ambos datables c. 850, usada aún en el siglo XIV por Ibn Bat. t. ut.   a y mencionada de paso por João de Barros. De la forma simple Sim. hala, que significa algo así como “morada de leones” (por lo que el león es aún hoy el emblema de Ceilán), procede del término vernáculo portugués chingala (tomado sin duda del tamil, que no posee el fonema s y confunde generalmente en la pronunciación los ss del sánscrito con la africada palatal sorda ch) y el cultismo cingalés. A través de la forma Sim.halana, que debía de ser originariamente un adjetivo luego sustantivado, aparece igualmente el nombre chino Hsi-lan, del árabe Saylân (de donde procede Ceilán), etc. Atestiguado en árabe desde la geografía de Yâqût (inicios del siglo XIII), se convierte en el nombre más corriente de la isla en la Edad Media, usado por Marco Polo, Odorico de Pordenone, Giovanni de Marignoli, Nicolo de’ Conti, etc. La dificultad para identificar la Taprobana de los antiguos con Ceilán resulta no sólo de la diferencia de nombre, sino también del hecho de que los antiguos le atribuyesen dimensiones mucho mayores, que no coincidían con las de Ceilán: Onesícrito, el primer autor griego conocido que se refirió a Taprobana, le atribuyó una extensión de 5000 estadios (1000 km); Estrabón dice que «no es menor que Britania»; el Periplo del Mar Eritreo, redactado entre 95 y 130, afirma que «la isla llamada Palaisimundu (…), conocida por los nativos como Taprobana (…), es tan grande que casi alcanza la costa frontera de Azânia» (el África Oriental); Pomponio Mela la cree parte de un continente ignoto, y Tolomeo dice que cruza el Ecuador y se extiende de 12º 30’ N a 2º 30’ S, cuando en realidad se sitúa entre 9º 45’ N y 5º 58’ N. Este pormenor llevó a algunos autores a identificar erróneamente la Taprobana de los antiguos con Sumatra, realmente cortada por la línea equinoccial. Diogo do Couto atribuye la autoría de tal error a Poggio Bracciolini, en su edición de la relación del viaje de Nicolo de Conti (1444), que sirvió de base para el mapa de Fra Mauro (1459). Couto tiene razón probablemente, aunque en el conocido Atlas Catalán de Cresques (1375), Taprobana aparece muy al este de la India, incluso al este de Java, lo que resulta ya un indicio de la tendencia a situarla en Insulindia. Curiosamente, D. Manuel parece desde el principio bien informado, pues en su Carta al Cardenal Protector, de agosto de 1499, señala: «La isla de Taprobana, a la que allá llaman Ceilán, está a ciento cincuenta leguas, poco más o menos, de Calicut (…); y la hacen no tan grande como por aquí se creía». Pero la confusión tardó en desvanecerse. Mientras João de Barros, Diogo do Couto y Manuel de Faria y Sousa, siguiendo a António Galvão, identifican correctamente Taprobana con Ceilán, Damião de Góis98 prefiere seguir a Castanheda, que la identifica con Sumatra. En la cartografía dibujada e impresa en Europa perdura la confusión a veces hasta finales del siglo XVI, cuando la llegada de ingleses y holandeses al Índico llevó a preferir la toponimia local.

Luís Filipe Thomaz

Director del Instituto de Estudios Orientales de la Universidad Católica Portuguesa

(Fragmento del libro de estudio Atlas Miller)


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