Beato de Liébana, códice de Fernando I y doña Sancha

f. 240, El blanco ejército de Dios, jinete Fiel y Veraz (Apoc. XIX, 11-16)


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“Y vi el cielo abierto y he aquí un caballo blanco y el que se sentaba sobre él se llamaba Fiel y Veraz, y juzga con justicia y lucha. Y sus ojos eran como llama de fuego y en su cabeza tenía muchas coronas, tenía su nombre escrito que nadie conoció salvo él. Y se vestía con una ropa teñida en sangre y su nombre es Verbo de Dios. Y el ejército que está en el cielo le seguía en caballos blancos, vestidos con lino finísimo y blanco. Y de su boca salía una espada de dos filos, para herir con ella a las gentes. Y él mismo las regirá con vara férrea, y él mismo pisa el lagar del vino del furor y de la ira de Dios omnipotente. Y tiene escrito en su vestidura y en su muslo: Rey de Reyes y Señor de señores”.

El Apocalipsis únicamente nos presenta una visión triunfante de alguien que es fácil creer se trata de Jesucristo. Beato repite lo dicho otras varias veces: el caballo primero es la Iglesia y quien lo monta, Jesús, la divinidad encarnada. Se trata del mismo de la visión de los cuatro jinetes. Los restantes caballos blancos son los santos, esto es, la Iglesia. La espada de la boca es la palabra de predicación y castiga a los infieles. Es la misma del anciano de luz y cabellos blancos, igual que el lagar de la ira es el que ya comentamos. La vestidura de Jesús es su cuerpo y el muslo sobre el que se escribe su nombre indica a los pueblos que creen. El nombre de Fiel se lo da a san Pablo (I, Corintios, 10, 13): “Dios fiel en el que no hay iniquidad”. Aunque se menciona que el jinete está preparado para luchar y se menciona la lucha en algún momento, el mensaje no resulta muy explícito, ni en el Apocalipsis y aún menos en el Comentario. Sin embargo, en los manuscritos aparece como asunto primordial, primero en las inscripciones y luego en algunas imágenes tardías.

Desgraciadamente, se han perdido la mayoría de las miniaturas ilustrativas del asunto en la familia II de manuscritos, anteriores al Beato de Fernando I. No la conservan ni el Beato de Magio, ni los de Valcavado, Seo de Urgel y Gerona. Está en el posterior Beato de Silos (f. 196). Es de suponer que en nuestro manuscrito se refleje bien el estadio primero. El folio se divide en tres pisos y en cada uno hay dos jinetes. La inscripción es muy significativa: “X(h)ristu(s) cum suo exercitu ad pugnandum vadit contra diabolu(s)”. En cambio, la ilustración sólo presenta al ejército, pero no hay batalla. Hay que ir a obras muy tardías para que se dé la batalla, como en el Beato de San Andrés de Arroyo (París, Bibliothèque nationale, Nov. Acq. lat. 2290, f. 152). Destaca Cristo al frente de un ejército. Dirige su lanza contra un diablo monstruoso que está a la izquierda, mientras otros vencidos figuran enana zona inferior. En el Beato de Fernando I y doña Sancha, nada de esto ocurre. El mismo Cristo marcha en dirección contraria. Probablemente para indicar que nos movemos en el plano celeste, todo el fondo está tachonado con grandes estrellas, sea cual sea el color de cada una de las cuatro bandas.

Se distingue de todos porque su caballo, siendo blanco, está moteado con puntos negros. También su vestido en vez de dibujarse con líneas de tinta negra se ha hecho con tinta roja. La amplia túnica que lo cubre se ha tratado con más cuidado que las otras, con pequeños signos de ornamentación. Va coronado, pero no lleva nimbo crucífero. Probablemente con la forma trebolada se quiere señalar que son tres las coronas que lleva sobre su cabeza. Camina de izquierda a derecha, como todos los demás a los que encabeza. Sin embargo, es necesario hacer un esfuerzo para distinguirlo con claridad de ellos. Porque también ellos cabalgan sobre un caballo blanco, van vestidos con largas túnicas blancas y se dirigen hacia el mismo lugar.

En el posterior Beato de Silos, la composición es similar, pero sería aún más difícil distinguir a Jesús si no fuera por la espada que sale de su boca, característica señalada en el texto, pero de la que no se hace eco el miniaturista del Beato de Fernando I, porque todos son iguales, incluso van coronados de idéntica manera.

Joaquín Yarza Luaces
Universidad Autónoma de Barcelona
(Fragmento del libro de estudio Beato de Fernando I y Doña Sancha)


f. 240, El blanco ejército de Dios, jinete Fiel y Veraz (Apoc. XIX, 11-16)

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f. 240, El blanco ejército de Dios, jinete Fiel y Veraz (Apoc. XIX, 11-16)

“Y vi el cielo abierto y he aquí un caballo blanco y el que se sentaba sobre él se llamaba Fiel y Veraz, y juzga con justicia y lucha. Y sus ojos eran como llama de fuego y en su cabeza tenía muchas coronas, tenía su nombre escrito que nadie conoció salvo él. Y se vestía con una ropa teñida en sangre y su nombre es Verbo de Dios. Y el ejército que está en el cielo le seguía en caballos blancos, vestidos con lino finísimo y blanco. Y de su boca salía una espada de dos filos, para herir con ella a las gentes. Y él mismo las regirá con vara férrea, y él mismo pisa el lagar del vino del furor y de la ira de Dios omnipotente. Y tiene escrito en su vestidura y en su muslo: Rey de Reyes y Señor de señores”.

El Apocalipsis únicamente nos presenta una visión triunfante de alguien que es fácil creer se trata de Jesucristo. Beato repite lo dicho otras varias veces: el caballo primero es la Iglesia y quien lo monta, Jesús, la divinidad encarnada. Se trata del mismo de la visión de los cuatro jinetes. Los restantes caballos blancos son los santos, esto es, la Iglesia. La espada de la boca es la palabra de predicación y castiga a los infieles. Es la misma del anciano de luz y cabellos blancos, igual que el lagar de la ira es el que ya comentamos. La vestidura de Jesús es su cuerpo y el muslo sobre el que se escribe su nombre indica a los pueblos que creen. El nombre de Fiel se lo da a san Pablo (I, Corintios, 10, 13): “Dios fiel en el que no hay iniquidad”. Aunque se menciona que el jinete está preparado para luchar y se menciona la lucha en algún momento, el mensaje no resulta muy explícito, ni en el Apocalipsis y aún menos en el Comentario. Sin embargo, en los manuscritos aparece como asunto primordial, primero en las inscripciones y luego en algunas imágenes tardías.

Desgraciadamente, se han perdido la mayoría de las miniaturas ilustrativas del asunto en la familia II de manuscritos, anteriores al Beato de Fernando I. No la conservan ni el Beato de Magio, ni los de Valcavado, Seo de Urgel y Gerona. Está en el posterior Beato de Silos (f. 196). Es de suponer que en nuestro manuscrito se refleje bien el estadio primero. El folio se divide en tres pisos y en cada uno hay dos jinetes. La inscripción es muy significativa: “X(h)ristu(s) cum suo exercitu ad pugnandum vadit contra diabolu(s)”. En cambio, la ilustración sólo presenta al ejército, pero no hay batalla. Hay que ir a obras muy tardías para que se dé la batalla, como en el Beato de San Andrés de Arroyo (París, Bibliothèque nationale, Nov. Acq. lat. 2290, f. 152). Destaca Cristo al frente de un ejército. Dirige su lanza contra un diablo monstruoso que está a la izquierda, mientras otros vencidos figuran enana zona inferior. En el Beato de Fernando I y doña Sancha, nada de esto ocurre. El mismo Cristo marcha en dirección contraria. Probablemente para indicar que nos movemos en el plano celeste, todo el fondo está tachonado con grandes estrellas, sea cual sea el color de cada una de las cuatro bandas.

Se distingue de todos porque su caballo, siendo blanco, está moteado con puntos negros. También su vestido en vez de dibujarse con líneas de tinta negra se ha hecho con tinta roja. La amplia túnica que lo cubre se ha tratado con más cuidado que las otras, con pequeños signos de ornamentación. Va coronado, pero no lleva nimbo crucífero. Probablemente con la forma trebolada se quiere señalar que son tres las coronas que lleva sobre su cabeza. Camina de izquierda a derecha, como todos los demás a los que encabeza. Sin embargo, es necesario hacer un esfuerzo para distinguirlo con claridad de ellos. Porque también ellos cabalgan sobre un caballo blanco, van vestidos con largas túnicas blancas y se dirigen hacia el mismo lugar.

En el posterior Beato de Silos, la composición es similar, pero sería aún más difícil distinguir a Jesús si no fuera por la espada que sale de su boca, característica señalada en el texto, pero de la que no se hace eco el miniaturista del Beato de Fernando I, porque todos son iguales, incluso van coronados de idéntica manera.

Joaquín Yarza Luaces
Universidad Autónoma de Barcelona
(Fragmento del libro de estudio Beato de Fernando I y Doña Sancha)


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