Beato de Liébana, códice del Monasterio de San Salvador de Tábara, Zamora

f. 134v, El jinete vencedor de la serpiente


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La imagen, que, en principio, no guarda ninguna relación con la storia ni con la explanatio, ocupa dos tercios del folio: en el lado derecho, aparece un hombre que, con las cintas del turbante flotando, alancea, sobre su montura, las fauces de una gran serpiente contra la que se enfrenta. Similar a la figura ya vista de Herodes a caballo (f. 15v.), pero con más elementos claramente islámicos: la tela anudada a su cabeza que ondea tras él se encuentra en representaciones sasánidas de gobernantes a caballo; sin embargo, los sencillos aparejos del Beato de Girona están más cerca de los de un caballero de un tejido copto del siglo vi, similitud reforzada por el hecho de que éste sostiene una lanza, más que un arco, propio del armamento sasánida. La utilización de estribos también colocan el prototipo del caballero del Beato de Girona después del período sasánida. Aunque no se han conservado jinetes matando serpientes con una lanza en el repertorio iconográfico andalusí, hay modelos de caballeros lanceando leones. D. Shepherd clasificó tales temas dentro de la iconografía del cazador celeste, simbolizando el Paraíso.

En la Capilla Palatina de Palermo, obra muy posterior fuera de los reinos peninsulares con un repertorio importante de motivos musulmanes, el jinete lanceando una serpiente aparece frecuentemente. Es probable que la autora de esta miniatura se inspirara en una iconografía de tradición mediterránea, por lo que la contribución de la cultura islámica a las imágenes del Beato de Girona va más allá de unos préstamos incidentales. A todo ello, debe añadirse otros elementos orientales, como el paño atado al cuello que cubre su cabeza, el nudo decorativo de la cola del caballo, la actitud con la lanza que clava en la cabeza de la serpiente o los arreos del caballo con forma de media luna. No hay duda de que se trata de una imagen de aspecto triunfante, cuyos antecedentes se basan en modelos antiguos: en este caso, en uno de los símbolos triunfales de la Roma imperial. Sin embargo, el problema estriba en saber qué clase de triunfo se representa: pueden destacarse tres hipótesis: en primer lugar, la que actúa desde la cautela con que debe observarse esta imagen, situada en posición marginal, privándola, por consiguiente, de cualquier sentido, salvo del ornamental; seguidamente, la afluencia de elementos islámicos pudiera dotarla, en la época, de un significado negativo; por último, frente a la figura maligna de Herodes, con la que formalmente se relaciona, se ha tratado de encontrarle un valor positivo, a través de una fórmula de victoria que continuaría vigente durante más de tres siglos en la Península Ibérica y en otras zonas. Así, en el siglo xiii, un caballero luchando contra una serpiente, aunque sin aspecto oriental, se añadió a un manuscrito conservado en Madrid (Real Academia de la Historia, Cod. 39, f. 159r.) y otro se incluyó en un rollo de Exultet italiano. A su vez, el significado triunfal se confirma con la aparición, en el esquema del cielo de los folios 3v.-4r. de la figura simbólica del «propugnator ad salvandum», basada, como la inscripción que lo acompaña confirma, en Is. 83, e interpretada anagógicamente como Cristo: empuña una lanza en su diestra y sujeta una serpiente vencida en la otra. Así, el jinete victorioso del Beato de Girona pudiera tener este sentido de victoria cristiana, simbolizando una lucha contra el diablo figurado en el ofidio, de forma similar a lo que, como ya se vio, fue, también, la imagen de la Lucha del ave contra la serpiente (f. 18v.). Su aspecto oriental sólo indicaría, por consiguiente, la dependencia, por parte de la pintora, de algunos modelos orientales, probablemente islámicos. Si el caballero se incluyó porque era una metáfora de victoria en la iconografía triunfal musulmana, las circunstancias históricas invirtieron su significado, pudiendo conferirle un aspecto anti-islámico, como da a entender el mismo colofón del códice de Girona (f. 284r.), acabado cuando «in is diebus erat fredenandos flaginiz a villas/toleta ciuitas ad deuellando mauritanie»; el jinete pudiera interpretarse, pues, como un retrato ideal de un guerrero de la reconquista. Asimismo, se le ha puesto en relación con la miniatura que sigue, con lo que, por consiguiente, se perdería su carácter marginal.

Carlos Miranda García-Tejedor
Doctor en Historia
(Fragmento del libro de estudio Beato de Girona)


f. 134v, El jinete vencedor de la serpiente

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f. 134v, El jinete vencedor de la serpiente

La imagen, que, en principio, no guarda ninguna relación con la storia ni con la explanatio, ocupa dos tercios del folio: en el lado derecho, aparece un hombre que, con las cintas del turbante flotando, alancea, sobre su montura, las fauces de una gran serpiente contra la que se enfrenta. Similar a la figura ya vista de Herodes a caballo (f. 15v.), pero con más elementos claramente islámicos: la tela anudada a su cabeza que ondea tras él se encuentra en representaciones sasánidas de gobernantes a caballo; sin embargo, los sencillos aparejos del Beato de Girona están más cerca de los de un caballero de un tejido copto del siglo vi, similitud reforzada por el hecho de que éste sostiene una lanza, más que un arco, propio del armamento sasánida. La utilización de estribos también colocan el prototipo del caballero del Beato de Girona después del período sasánida. Aunque no se han conservado jinetes matando serpientes con una lanza en el repertorio iconográfico andalusí, hay modelos de caballeros lanceando leones. D. Shepherd clasificó tales temas dentro de la iconografía del cazador celeste, simbolizando el Paraíso.

En la Capilla Palatina de Palermo, obra muy posterior fuera de los reinos peninsulares con un repertorio importante de motivos musulmanes, el jinete lanceando una serpiente aparece frecuentemente. Es probable que la autora de esta miniatura se inspirara en una iconografía de tradición mediterránea, por lo que la contribución de la cultura islámica a las imágenes del Beato de Girona va más allá de unos préstamos incidentales. A todo ello, debe añadirse otros elementos orientales, como el paño atado al cuello que cubre su cabeza, el nudo decorativo de la cola del caballo, la actitud con la lanza que clava en la cabeza de la serpiente o los arreos del caballo con forma de media luna. No hay duda de que se trata de una imagen de aspecto triunfante, cuyos antecedentes se basan en modelos antiguos: en este caso, en uno de los símbolos triunfales de la Roma imperial. Sin embargo, el problema estriba en saber qué clase de triunfo se representa: pueden destacarse tres hipótesis: en primer lugar, la que actúa desde la cautela con que debe observarse esta imagen, situada en posición marginal, privándola, por consiguiente, de cualquier sentido, salvo del ornamental; seguidamente, la afluencia de elementos islámicos pudiera dotarla, en la época, de un significado negativo; por último, frente a la figura maligna de Herodes, con la que formalmente se relaciona, se ha tratado de encontrarle un valor positivo, a través de una fórmula de victoria que continuaría vigente durante más de tres siglos en la Península Ibérica y en otras zonas. Así, en el siglo xiii, un caballero luchando contra una serpiente, aunque sin aspecto oriental, se añadió a un manuscrito conservado en Madrid (Real Academia de la Historia, Cod. 39, f. 159r.) y otro se incluyó en un rollo de Exultet italiano. A su vez, el significado triunfal se confirma con la aparición, en el esquema del cielo de los folios 3v.-4r. de la figura simbólica del «propugnator ad salvandum», basada, como la inscripción que lo acompaña confirma, en Is. 83, e interpretada anagógicamente como Cristo: empuña una lanza en su diestra y sujeta una serpiente vencida en la otra. Así, el jinete victorioso del Beato de Girona pudiera tener este sentido de victoria cristiana, simbolizando una lucha contra el diablo figurado en el ofidio, de forma similar a lo que, como ya se vio, fue, también, la imagen de la Lucha del ave contra la serpiente (f. 18v.). Su aspecto oriental sólo indicaría, por consiguiente, la dependencia, por parte de la pintora, de algunos modelos orientales, probablemente islámicos. Si el caballero se incluyó porque era una metáfora de victoria en la iconografía triunfal musulmana, las circunstancias históricas invirtieron su significado, pudiendo conferirle un aspecto anti-islámico, como da a entender el mismo colofón del códice de Girona (f. 284r.), acabado cuando «in is diebus erat fredenandos flaginiz a villas/toleta ciuitas ad deuellando mauritanie»; el jinete pudiera interpretarse, pues, como un retrato ideal de un guerrero de la reconquista. Asimismo, se le ha puesto en relación con la miniatura que sigue, con lo que, por consiguiente, se perdería su carácter marginal.

Carlos Miranda García-Tejedor
Doctor en Historia
(Fragmento del libro de estudio Beato de Girona)


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