Libro de Horas de Jean de Montauban

Oración a la Virgen: Saluto te sancta Maria regina celorum . . . Glorificación de la Virgen, f. 127r


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Esta página es una de las tres de este manuscrito, junto con el folio siguiente y el 77r, que no están enmarcadas con flores, sino que están dedicadas por completo a un tema central. Esta es especialmente solemne, con razón al tratarse de un libro de horas, pues está dedicada a la glorificación de la Virgen María. La Virgen se encuentra en el centro en majestad, nimbada, con las manos juntas, envuelta en un espléndido manto azul, enmarcada en una gloria circular y proyectando un haz de rayos que van a encontrarse con los que emanan de la paloma del Espíritu Santo emplazada sobre ella. Constituye su corte celeste, por así decirlo, una muy densa congregación de santos, todos ellos nimbados y sentados, algunos con un libro abierto o cerrado y muchos mirándola o rezándole con las manos juntas. El miniaturista ha situado a María en el interior de una serie de círculos concéntricos radiantes, el menor de los cuales, el más próximo a ella, presenta un arcoíris. Los demás contienen distintas inscripciones dedicadas a su gloria, unas veces escritas con letras de oro y otras sombrías (posiblemente plata muy oxidada y desgastada). En el espacio azul externo leemos: Saluto te sancta Maria regina celorum et domina angelorum ei salutatione quod salutavit te angel («Te saludo, santa María, reina del cielo y señora de los ángeles, con el saludo con el que te saludó el ángel»), mientras que el siguiente reza: Gabriel dicens: Ave Maria gratia plena dominus tecum benedicta tu in mulieribus et benedictus fructus ventris tui Jesus («Gabriel diciendo: Ave María, llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús»). Sobrevuela estos círculos gloriosos, como ya se ha dicho, una majestuosa paloma del Espíritu Santo, coronada a su vez por una imponente figura de Dios padre en busto, dotado de un nimbo crucífero, que luce una tiara pontificia de triple corona con una pequeña cruz en lo alto y sostiene con las manos el orbe y una gran cruz. Arrodillados a sus pies, volvemos a ver a la izquierda a la Virgen María, esta vez con una corona real, y a la derecha, a Cristo a pequeña escala, reconocible por su gesto de bendición y por sostener el globo terrestre. Son numerosos los serafines de un rojo intenso y los querubines azules que rodean, muy pegados los unos a los otros, al grupo formado por el padre, la Virgen y Cristo, mientras que por detrás vemos, también apiñados, a muchos santos nimbados, entre los que destaca un santo con alas doradas y portador de una cruz roja. 

Cabe señalar que esta miniatura supone un culmen que es singular por dos aspectos: por un lado, es excepcional ver en el arte religioso cristiano de finales de la Edad Media a Cristo arrodillado en simetría con la Virgen María, también de rodillas, mientras que, por el otro, es original la disposición de los componentes de la Trinidad, que incluyen a María, de modo que la composición permite hablar de una cuaternidad. 

En la parte inferior tenemos tres escenas. En la central aparece, probablemente, el comitente de este libro de horas, arrodillado de espaldas a su santo patrón, que le pone la mano en el hombro, y con el escudo de la familia Montauban entre ellos, mientras se extiende una filacteria con las palabras de su oración: Miserere mei Deus («Dios, ten piedad de mí»). A la izquierda vemos una escena rara y enigmática en la que Cristo tira de la capucha de un anciano sentado en el suelo vestido de negro y con un bastón. Por último, a la derecha asistimos a la victoria del arcángel Miguel frente al demonio, a quien ha arrebatado, para liberarla, a una pareja de muy pequeño formato completamente desnuda que se aferra al regazo de su salvador. 


f. 127r

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Oración a la Virgen: Saluto te sancta Maria regina celorum . . . Glorificación de la Virgen, f. 127r

Esta página es una de las tres de este manuscrito, junto con el folio siguiente y el 77r, que no están enmarcadas con flores, sino que están dedicadas por completo a un tema central. Esta es especialmente solemne, con razón al tratarse de un libro de horas, pues está dedicada a la glorificación de la Virgen María. La Virgen se encuentra en el centro en majestad, nimbada, con las manos juntas, envuelta en un espléndido manto azul, enmarcada en una gloria circular y proyectando un haz de rayos que van a encontrarse con los que emanan de la paloma del Espíritu Santo emplazada sobre ella. Constituye su corte celeste, por así decirlo, una muy densa congregación de santos, todos ellos nimbados y sentados, algunos con un libro abierto o cerrado y muchos mirándola o rezándole con las manos juntas. El miniaturista ha situado a María en el interior de una serie de círculos concéntricos radiantes, el menor de los cuales, el más próximo a ella, presenta un arcoíris. Los demás contienen distintas inscripciones dedicadas a su gloria, unas veces escritas con letras de oro y otras sombrías (posiblemente plata muy oxidada y desgastada). En el espacio azul externo leemos: Saluto te sancta Maria regina celorum et domina angelorum ei salutatione quod salutavit te angel («Te saludo, santa María, reina del cielo y señora de los ángeles, con el saludo con el que te saludó el ángel»), mientras que el siguiente reza: Gabriel dicens: Ave Maria gratia plena dominus tecum benedicta tu in mulieribus et benedictus fructus ventris tui Jesus («Gabriel diciendo: Ave María, llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús»). Sobrevuela estos círculos gloriosos, como ya se ha dicho, una majestuosa paloma del Espíritu Santo, coronada a su vez por una imponente figura de Dios padre en busto, dotado de un nimbo crucífero, que luce una tiara pontificia de triple corona con una pequeña cruz en lo alto y sostiene con las manos el orbe y una gran cruz. Arrodillados a sus pies, volvemos a ver a la izquierda a la Virgen María, esta vez con una corona real, y a la derecha, a Cristo a pequeña escala, reconocible por su gesto de bendición y por sostener el globo terrestre. Son numerosos los serafines de un rojo intenso y los querubines azules que rodean, muy pegados los unos a los otros, al grupo formado por el padre, la Virgen y Cristo, mientras que por detrás vemos, también apiñados, a muchos santos nimbados, entre los que destaca un santo con alas doradas y portador de una cruz roja. 

Cabe señalar que esta miniatura supone un culmen que es singular por dos aspectos: por un lado, es excepcional ver en el arte religioso cristiano de finales de la Edad Media a Cristo arrodillado en simetría con la Virgen María, también de rodillas, mientras que, por el otro, es original la disposición de los componentes de la Trinidad, que incluyen a María, de modo que la composición permite hablar de una cuaternidad. 

En la parte inferior tenemos tres escenas. En la central aparece, probablemente, el comitente de este libro de horas, arrodillado de espaldas a su santo patrón, que le pone la mano en el hombro, y con el escudo de la familia Montauban entre ellos, mientras se extiende una filacteria con las palabras de su oración: Miserere mei Deus («Dios, ten piedad de mí»). A la izquierda vemos una escena rara y enigmática en la que Cristo tira de la capucha de un anciano sentado en el suelo vestido de negro y con un bastón. Por último, a la derecha asistimos a la victoria del arcángel Miguel frente al demonio, a quien ha arrebatado, para liberarla, a una pareja de muy pequeño formato completamente desnuda que se aferra al regazo de su salvador. 


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