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Europa

La carta del Noroeste de Europa tiene un ámbito geográfico que abarca desde Gran Bretaña e Irlanda hasta los confines del Báltico, y desde el mar de Islandia hasta las regiones fronterizas entre Francia, Flandes y Alemania. En estas últimas regiones, de donde era originario el artista que creemos decoró este ejemplar cartográfico, abundan las miniaturas con representaciones de grandes ciudades. Curiosamente, estas están siempre indicadas –mostrando lo que creemos será cierta pretenciosidad, que pretendería parecer “cultural” y “renacentista”, y realmente acabó por ser arcaizante–, por sus antiguos nombres latinos, de tiempos del Imperio romano, como Divodorum (Metz), Borbetu Magus (Worms), Castellum (Kassel), etc.
El modelo de las cartas hidrográficas fue seguido en la realización de este ejemplar esencialmente decorativo. Está patente el habitual sistema de las dieciséis líneas de rumbo, cuyo centro se sitúa entre Escocia y una Escandinavia aún representada de manera muy torpe. Sus trazados geográficos están muy deformados, lo que demuestra que quien los dibujó tenía muy escasa información. Dada la cantidad de miniaturas de ciudades sobre la tierra, sólo en la mitad derecha, sobre el mar, quedó espacio libre para dibujar y decorar tres rosas de los vientos (semejantes a todas las otras de este atlas), de las cuales sólo una está entera. El tronco de leguas y el meridiano graduado de latitudes se sitúan respectivamente en el margen izquierdo y en el margen derecho. Son visibles dos paralelos (círculos de climas), concretamente el sexto y el séptimo, a la manera tolemaica. La toponimia es abundante en Francia, Flandes y en las Islas Británicas, pero no en el Báltico y Escandinavia, donde casi no existe.
Las leyendas mayores, con nombres geográficos regionales, están en latín, en oro sobre cartelas rojas (al igual que las demás cartas regionales). Las grafías de los topónimos en los litorales denotan indiscutiblemente que estos fueron escritos por mano portuguesa, sin duda la misma mano que dibujó los trazados geográficos… y no la mano que dibujó la iconografía y que iluminó las grandes leyendas en latín, con los nombres geográficos regionales.
En ésta, como en todas las cartas regionales del Atlas Miller, no puede haber dudas: unas manos se encargaron de los trazados geográficos y náuticos (incluyendo los topónimos escritos en los litorales), y otras manos distintas se encargaron de toda la decoración iconográfica y artística (incluyendo las cartelas rojas con los nombres en oro). Las primeras son las manos de un cartógrafo o cartógrafos de lengua portuguesa, que se limitaron a hacer el trabajo que les competía. Las segundas son las manos de alguien con mayor capacidad artística y con mayores pretensiones, con afectada pretenciosidad de tipo cultural.
A diferencia de las otras cartas de este atlas, en ésta no existe ninguna leyenda principal en latín, con un texto en el que se haga una descripción básica del contenido de la carta. Se concluye, pues, que en este caso no fue considerado necesario… al tratarse de regiones europeas que se pensó eran ya bien conocidas.
La iconografía heráldica incluye nueve escudos en varias regiones del norte europeo y del Báltico. En la iconografía de la arquitectura naval figuran cuatro navíos, que, aunque naveguen en el Atlántico Norte, son grandes naves portuguesas con las velas decoradas con las típicas cruces de la Orden de Cristo del rey D. Manuel. Se trata de unas imágenes de naves que resultan preciosísimas por sus detalles, que las convierten en una excelente fuente de datos para los historiadores de la construcción naval. La iconografía urbana, como hemos dicho ya, es muy rica, aunque los pormenores concretos de cada una de las nueve ciudades representadas, sean, sin duda, muy fantasiosos. Curiosamente, algunas de las nueve ciudades representadas, aparte de las grandes urbes del norte de Francia, como Parisius (París), Cenabum (Orleans) y Rotamagus (Rouen), son ciudades de dimensión media, como las que ya hemos mencionado (Divodorum, Borbetu Magus o Castellum), e incluso dos del Báltico que están simbolizadas sólo por torres (Reval y Pevan). No es necesario decir que, sin duda por no haber aquí gran exotismo para los ojos de los creadores y destinatarios del ejemplar cartográfico, no hay iconografía de poblaciones locales, y lo mismo ocurre con la fauna y la flora.
Aparte de esta carta del Noroeste de Europa, el Atlas Miller cuenta con otra carta regional en la que aparecen regiones europeas. Es la gran carta de Europa y el Mediterráneo, cuyo ámbito geográfico corresponde al de las antiguas cartas portulano “normales” que venían ya de los siglos XIII-XIV, pues se extiende desde el mar Océano (frente a la Península Ibérica) hasta el Oriente Medio, y desde los litorales islámicos del Norte de África hasta los confines de Rusia y de Escandinavia. En las numerosas intersecciones creadas por los dos sistemas de líneas de rumbo, no aparece ni una sola rosa de los vientos, hecho que, sin duda, se debió a una deliberada intención de dejar vacío el espacio en el que después aparecería dispersa la extraordinaria abundancia de otras decoraciones –escudos, cartelas, ciudades, hombres, etc.– que muestra la obra. Es, en realidad, un ejemplar cartográfico muy vistoso, razón por la que probablemente estuvo algún tiempo expuesto y colgado en una pared, ocasionando una leve deterioro en algunas de sus imágenes.
Aunque no figure ningún tronco de leguas, se ve un meridiano graduado de latitudes, situado en el Atlántico un poco a occidente de Portugal. No sólo están dibujados varios paralelos con los siete círculos de los climas (y todos posicionados exactamente en las latitudes definidas por Tolomeo, hecho notado ya por autores del pasado como Jean Denucé y Armando Cortesão), sino que también están representados algunos meridianos de lo que, evidentemente, es una tentativa de graduación en longitud, tentativa de graduación que es textualmente mencionada en las grandes franjas de color carmesí que, en el Norte y en el Sur, enmarcan toda la carta. No hay duda de que esta carta portulano “normal”, tras ser construida con base en los rumbos de la aguja de marear, pasó por una intervención de tipo cosmético, con la que se intentó disfrazarla de mapa tolemaico. También por eso es singularísima.

Alfredo Pinheiro Marques
Centro do Estudos do Mar Luís de Albuquerque
(Fragmento del libro de estudio Atlas Miller)

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