Biblia moralizada de Nápoles

f. 158v: Jesús expulsa los mercaderes del Templo (Mateo 21, 12-13)


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«Es la historia: cómo Nuestro Señor Jesucristo expulsó del templo a todos los que vendían y compraban allí, y los bancos de los cambistas y las jaulas de los que vendían las palomas [también allí, expuntuado] arrojó al suelo y les dijo: Está escrito: mi casa será llamada casa de oración, y vosotros la habéis hecho casa de ladrones. Así como san Mateo lo dice en su evangelio en el vigesimoprimer capítulo».

Jesús ha entrado en Jerusalén. Los cuatro Evangelios cuentan cómo los vendedores fueron arrojados del templo, pero la paráfrasis bíblica recurre a Mateo para poner texto a la ilustración de la cólera de Cristo que acusa a los mercaderes de haber transformado su casa en «una caverna de bandidos».
El pintor A ofrece una visión bastante suave del episodio si se compara esta miniatura con la versión «fuerte» de la capilla paduana de la Arena, donde el Señor pintado por Giotto amenaza con el puño a los ladrones que se han instalado en la explanada del santuario. Aquí la decoración del templo ha perdido todo su carácter sacro y se parece a la casa del malvado rico (f. 155r), salvo por el frontón, como si las actividades comerciales hubieran corrompido provisionalmente sus muros. Cristo y dos discípulos ocupan el centro de la estancia donde se imponen por su alta talla y sus enormes nimbos. Como una figura trinitaria, rechazan a los indeseables plantándoles cara simultáneamente en todas direcciones. Jesús rechaza hacia la izquierda a los vendedores de ganado que retroceden con sus rebaños y aspecto contrito, y piden perdón metiendo la cabeza entre los hombros. Corderos y vacas parecen a punto de salir de la imagen y sobresalen del marco. En primer plano, a la derecha, yacen por el suelo las mesas de cambio y su precioso botín –vajilla y monedas de oro, cuchillos, un medallero (?)– que dos propietarios abandonan, prefiriendo batirse en retirada bajo la vigorosa presión ejercida por las manos de Pedro. No hay rastro, sin embargo, de los vendedores de palomas que menciona el texto. Debe decirse que falta lugar y que la doble «V» que dibujan las diagonales de los animales y los puestos, en la parte baja de la composición, y las líneas de fuga que convergen al fondo, bastan para crear un elocuente clima de tensión: el espacio se estrecha para mejor expulsar del lugar sagrado a aquellos hombres de poca fe.

Yves Christe
Universidad de Ginebra
Marianne Besseyre
Centro de Investigación de Manuscritos Iluminados, Bibliothèque nationale de France
(Fragmento del libro de estudio Biblia moralizada de Nápoles)


f. 158v: Jesús expulsa los mercaderes del Templo (Mateo 21, 12-13)

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f. 158v: Jesús expulsa los mercaderes del Templo (Mateo 21, 12-13)

«Es la historia: cómo Nuestro Señor Jesucristo expulsó del templo a todos los que vendían y compraban allí, y los bancos de los cambistas y las jaulas de los que vendían las palomas [también allí, expuntuado] arrojó al suelo y les dijo: Está escrito: mi casa será llamada casa de oración, y vosotros la habéis hecho casa de ladrones. Así como san Mateo lo dice en su evangelio en el vigesimoprimer capítulo».

Jesús ha entrado en Jerusalén. Los cuatro Evangelios cuentan cómo los vendedores fueron arrojados del templo, pero la paráfrasis bíblica recurre a Mateo para poner texto a la ilustración de la cólera de Cristo que acusa a los mercaderes de haber transformado su casa en «una caverna de bandidos».
El pintor A ofrece una visión bastante suave del episodio si se compara esta miniatura con la versión «fuerte» de la capilla paduana de la Arena, donde el Señor pintado por Giotto amenaza con el puño a los ladrones que se han instalado en la explanada del santuario. Aquí la decoración del templo ha perdido todo su carácter sacro y se parece a la casa del malvado rico (f. 155r), salvo por el frontón, como si las actividades comerciales hubieran corrompido provisionalmente sus muros. Cristo y dos discípulos ocupan el centro de la estancia donde se imponen por su alta talla y sus enormes nimbos. Como una figura trinitaria, rechazan a los indeseables plantándoles cara simultáneamente en todas direcciones. Jesús rechaza hacia la izquierda a los vendedores de ganado que retroceden con sus rebaños y aspecto contrito, y piden perdón metiendo la cabeza entre los hombros. Corderos y vacas parecen a punto de salir de la imagen y sobresalen del marco. En primer plano, a la derecha, yacen por el suelo las mesas de cambio y su precioso botín –vajilla y monedas de oro, cuchillos, un medallero (?)– que dos propietarios abandonan, prefiriendo batirse en retirada bajo la vigorosa presión ejercida por las manos de Pedro. No hay rastro, sin embargo, de los vendedores de palomas que menciona el texto. Debe decirse que falta lugar y que la doble «V» que dibujan las diagonales de los animales y los puestos, en la parte baja de la composición, y las líneas de fuga que convergen al fondo, bastan para crear un elocuente clima de tensión: el espacio se estrecha para mejor expulsar del lugar sagrado a aquellos hombres de poca fe.

Yves Christe
Universidad de Ginebra
Marianne Besseyre
Centro de Investigación de Manuscritos Iluminados, Bibliothèque nationale de France
(Fragmento del libro de estudio Biblia moralizada de Nápoles)


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