Salterio Glosado

Salterio Glosado f. 150v, salmo 83  Bendijiste, Señor, a tu tierra

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f. 150v, salmo 83  Bendijiste, Señor, a tu tierra

El versículo 3 del salmo 84, que se refiere a la redención de los pecados de Israel y a la malicia de los hombres (v.3, Remisisti iniquitatem plebis tuae: operuisti omnia peccata eorum.// Remitiste la maldad de tu pueblo: cubriste todos los pecados de ellos.), es el que mejor se adapta a la selección de imágenes dispuestas en los dos registros de esta miniatura, aunque la idea se reitere más adelante incidiendo sobre el castigo recibido por los primeros hombres (v. 6, Nunquid in aeternum irasceris nobis? Aut extendes iram tuam a generatione in generationem?// ¿Por ventura estarás siempre enojado con nosotros? ¿O extenderás tu ira de generación en generación?). En consecuencia, el registro superior nos muestra la expulsión de Adán y Eva del Paraíso, amenazados por un ángel con nimbo verde que sustenta una espada de fuego, convertida en espada rojiza. El pecado de los primeros padres tiene así sus consecuencias. Vemos los límites arquitectónicos de un paraíso que se define como jardín donde el crecimiento de la viña no hallará obstáculo. Los árboles crecen también en este lugar idílico que se opone al desierto o a las tierras áridas que generalmente describen las imágenes. La solución muestra puntos de contacto con la parte inglesa, donde también ha sido representado el tema (folio 1). A diferencia del taller inglés, que cubre los sexos de Adán y Eva con sendas hojas de difícil identificación, el catalán viste con túnica talar tanto a Adán, portador ahora de la azada o azadón, como a Eva, directamente convertida en hilandera. Pasado el tiempo y revestidos de hábitos distintos, veremos a los primeros habitantes de la Tierra realizando sus labores. Han intercambiado los colores de sus vestidos. Adán cava la tierra ya con túnica corta y Eva hila al tiempo que, situada sobre una roca, cuida de sus dos hijos, Caín y Abel. Este último reposa sobre su regazo, envuelto todavía en los vendajes que impedían el movimiento de los niños menores, mientras que su hermano mayor muestra sus celos, dando inicio a la discordia entre los hombres.

Ferrer Bassa acomoda al 1300 la visión de los hechos que el taller insular reprodujo en el folio 1. De este modo la condena al trabajo y la presencia de los descendientes refrenda la relación entre ambas partes del libro y la atención puesta por Ferrer Bassa en la obra de sus predecesores. Los nexos son muy sugerentes, sobre todo si tenemos en cuenta otras representaciones del tema que, en el ámbito de la Corona catalano-aragonesa, obligan a citar de nuevo, entre otras obras, los murales aragoneses de Santa María de Sijena (MNAC, Barcelona).

El registro inferior, dedicado a la Anunciación, supone la obertura del camino cerrado anteriormente, la redención después de la caída (v.7, Deus tu conversus vivificavis nos...// O Dios, tú volverás a darnos la vida...; v.8, Ostende nobis Domine misericordiam tuam: et salutare tuum nobis// Muéstranos Señor, tu misericordia: y danos tu salud). Se estructura así la vieja correspondencia entre Eva y María que ya ha sido advertida en el folio 109v. La Virgen, convertida en eje de la Encarnación y de la salvación del hombre, restituye a la humanidad la dignidad perdida, gracias a la semilla que dará fruto en la Tierra y que se identifica con Cristo (v. 10-14, en especial sobre la Encarnación v. 10 Verumtamen prope timentes eum salutare ipsius: ut inhabitet gloria in terra nostra// Ciertamente la salud de él está cerca de los que le temen: para que habite la gloria en nuestra tierra), que bendice en la inicial “B” (“Benedixisti”) contigua a la miniatura principal. La bendición de Cristo, con orientación similar a la del ángel, se suma al saludo de este. La escena de Ferrer Bassa renueva el tema bajo distintos puntos de vista. Incluye un ángel dinámico de manto naranja que parece acabado de llegar a tierra. La terraza que se abre en el edificio de la izquierda, situado a sus espaldas, sugiere su paso y descenso al lugar donde se encuentra ahora, habida cuenta de que las puertas de madera de la vivienda que dan acceso al patio interior se hallan cerradas a cal y canto. Una vez en el espacio intermedio, el embajador celeste ofrece los lirios a la Virgen, al tiempo que le dirige la palabra. Entre ella y el ángel se interpone un gran libro con texto fingido que se sitúa sobre un pequeño mueble completamente recubierto de tela bordada. María, arrodillada y tensa dentro de la casa, accede a recibir, y lo hace con las manos abiertas, a un Espíritu Santo muy aerodinámico, que vemos ya frente a su rostro. En la misma casa, pero en otra estancia, se encuentra san José, aludido alguna vez como guardián de la Anunciación. Su presencia en el tema en época gótica es muy rara. Sin embargo, los tiempos del románico ofrecen numerosos ejemplos de este proceder, que en Cataluña tuvo un éxito notable. La resolución de la escena nos devuelve así a los tiempos anteriores al 1200 y resulta muy singular, aunque puede ser debidamente comparada con otras a las que sin duda dio lugar. Pese a las semejanzas con la Anunciación de Arnau Bassa en el Libro de Horas de María de Navarra, la de Ferrer tiene una significación plástica única. Su planteamiento gráfico es más austero y conceptual que el de su hijo, siempre más preocupado por aspectos decorativos y por una emotividad dulce y morosa que por la verosimilitud de las situaciones espaciales que interesaron a su padre.

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