Salterio Glosado

Salterio Glosado f. 111r, salmo 65  Los de toda la tierra, haced fiesta a Dios

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f. 111r, salmo 65  Los de toda la tierra, haced fiesta a Dios

Para ilustrar el salmo 65 definido como salmo de la resurrección (v.1) se han organizado cuatro escenas de dimensiones casi idénticas. Tres de ellas se refieren a la historia de Job. En la primera, arriba, son degollados diversos carneros y un becerro sobre un recipiente circular en que se recoge su sangre. El sacrificio de acción de gracias tiene lugar en un interior donde también se representa el altar y el tabernáculo, ante los cuales un anciano sacerdote ofrece un cordero a Dios (v.1, Jubilate Deo omnis terra// O los de toda la tierra, haced fiesta a Dios). Uno de los oficiantes que ha concluido su tarea, mira en dirección al altar. En la parte inferior se muestra la vida feliz de Job, sentado con su esposa y sus siete hijos -tres son niñas- que contemplan la hacienda, representación completa de las bestias que este poseía y que comparte con su Dios. Un poco más lejos dos sirvientes, que parecen tomados de un anuncio a los pastores, cierran la escena bucólica, significativa de la buena posición del fiel protagonista (Job, 1, 1-4). El texto alude a los sacrificios que Job como hombre justo y recto realizaba periódicamente, en previsión de los pecados que sus hijos hubiesen podido cometer. De este modo se explica también la escena precedente (v.15, Holocausta medullata offeram tibi cum incenso arietum: offeram tibi boves cum hircis// Te ofreceré holocaustos medulosos con sahumerio de carneros: te cumpliré mis votos). La historia de Job no es tratada en el comentario que san Jerónimo dedica al salmo 65, pero sí en el que dedica al siguiente (S.E. Hieronimus, Breviarium..., 1072).

Los episodios del margen derecho se refieren a la salvación de las almas por intercesión de Cristo. La mujer adúltera es llevada a su presencia por escribas y fariseos, pero Jesús evita que sea lapidada exhortándolos a que aquél que se encuentre libre de pecado sea el que tire la primera piedra (Juan, 8, 1-11). Sorprende en la miniatura el espacio concedido a los ángeles. Un alado recoge en un lienzo blanco un grupo de almas desnudas que son esperadas en el cielo por una multitud de ángeles, que se abocan con distintas actitudes a una obertura ovalada para dar la bienvenida a los espíritus que Jesús ha perdonado. Ella no es lapidada y quizás tampoco sea sacrificado el cordero en manos del anciano en la primera escena de la izquierda.

En la zona inferior el episodio retorna sobre Job, cuando este sufre las pruebas que la divinidad le envía, truncando su antigua felicidad. Satán hiere a Job con una úlcera maligna que este acepta de modo resignado (Job, 2, 7-8). Tres de sus amigos llegan en su ayuda informados de las muchas desgracias que lo aquejan, y no pudiendo reconocerlo, debido a su nuevo estado, muestran sorpresa y estupefacción (Job, 2, 11). Al lado de Job semidesnudo, el diablo intenta doblegar su bondad para enemistarlo con su Dios, pero es bien sabido que no conseguirá su fin. El salmo alude a la resurrección y a la gratitud al ser divino después de los instantes difíciles o de un itinerario peligroso. Job y la mujer adúltera ejemplifican las calamidades de todo tipo que afectan a los seres elegidos, antes de que su comportamiento y la superación de las pruebas divinas pueda conducirlos a la gloria (v.11, Induxisti non in laqueum, posuisti tribulationes in dorso notro:// Nos llevaste a lazo, echaste tribulaciones sobre nuestra espalda:, y v.12, ...Transivimus per ignem et quam: et eduxisti nos in refrigerium// ...Pasamos por el fuego y por el agua, y nos sacaste a refrigerio). En este proceso la misericordia divina juega un papel esencial que implica el perdón concedido tanto al pecador (mujer adúltera) como al justo (Job).

La inicial de “Jubilate” incorpora una espléndida figura humana adaptada a la “J”. Ferrer Bassa da cuerpo al busto del personaje detallando sobre todo su rostro barbado para fundir el resto del cuerpo bajo un singular manto azul que llegará a suplirlo. De este modo el pintor recubre las manos con la tela recordando antiguas tradiciones bizantinas, pero va más allá para hacer desaparecer parte del cuerpo, suplido por el arabesco y meandros que define el manto de forro rosa en la zona inferior. Otros ejemplos de este proceder se hallarán más tarde en obras relacionadas con el taller de los Bassa, como el Libro de Horas de María de Navarra y el Libro Verde de Barcelona. Justamente en el reverso del folio 112 descubrimos en el comentario al salmo una pequeña inicial “d” cuyo interior ha sido aprovechado para pintar un rostro anaranjado, pariente directo de aquellos que se multiplicaron más tarde en el oracional de María de Navarra. El tratamiento pictórico de esta cara que parece mirar el texto responde al estilo  característico de Ferrer Bassa, reflejado también en el códice de la reina. Se trata de un precedente de los grandes rostros lunares que, en el celebre manuscrito de Venecia, ya con carnaciones humanizadas y múltiples variantes, atribuimos principalmente al Maestro de Baltimore.

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