Libro de horas de Enrique IV de Francia y III de Navarra

Santa Verónica, Oración a la santa faz (f. 70v.)


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            Frente a un bosque lleno de árboles, santa Verónica, velada y nimbada, extiende un paño en donde se encuentra impreso el rostro, sangrante y perfectamente simétrico, de Cristo. Su aspecto deriva de la iconografía del filósofo o del pedagogo griego y de la descripción de Jesús que habría sido enviada a través de una epístola al senado romano por Publio Lentulo, el predecesor de Poncio Pilato, en donde se describía los cabellos, sombríos y color de vino, partidos por una raya en medio y cayendo sobre los hombros; la barba abundante, del mismo color que el pelo, y partida.
En occidente, la veneración a la santa faz se basaba, especialmente, en el sudarium sagrado de Verónica (Volto santo), reliquia que, al menos desde el siglo XII, se conservaba en san Pedro de Roma y que despareció en 1527 durante el saqueo de Roma. La figura legendaria de santa Verónica se introdujo como portadora de la reliquia, lo que permitía contemplar el objeto santo y la leyenda en una sola imagen, permitiendo establecer la prueba del origen y de la edad de la reliquia. El gesto mismo de la santa, que presentaba el lienzo con sus manos extendidas como lo hacían los prelados de Roma, incitaba a la veneración. Esta variante, en tanto que imagen dentro de la imagen, era comparable a un relicario, distinguiendo el objeto cultual de su presentación o de su soporte.

Santa Verónica, Oración a la santa faz (f. 70v.) en el Libro de horas de Enrique IV de Francia y III de Navarra (París, XV-XVI)

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Santa Verónica, Oración a la santa faz (f. 70v.)

            Frente a un bosque lleno de árboles, santa Verónica, velada y nimbada, extiende un paño en donde se encuentra impreso el rostro, sangrante y perfectamente simétrico, de Cristo. Su aspecto deriva de la iconografía del filósofo o del pedagogo griego y de la descripción de Jesús que habría sido enviada a través de una epístola al senado romano por Publio Lentulo, el predecesor de Poncio Pilato, en donde se describía los cabellos, sombríos y color de vino, partidos por una raya en medio y cayendo sobre los hombros; la barba abundante, del mismo color que el pelo, y partida.
En occidente, la veneración a la santa faz se basaba, especialmente, en el sudarium sagrado de Verónica (Volto santo), reliquia que, al menos desde el siglo XII, se conservaba en san Pedro de Roma y que despareció en 1527 durante el saqueo de Roma. La figura legendaria de santa Verónica se introdujo como portadora de la reliquia, lo que permitía contemplar el objeto santo y la leyenda en una sola imagen, permitiendo establecer la prueba del origen y de la edad de la reliquia. El gesto mismo de la santa, que presentaba el lienzo con sus manos extendidas como lo hacían los prelados de Roma, incitaba a la veneración. Esta variante, en tanto que imagen dentro de la imagen, era comparable a un relicario, distinguiendo el objeto cultual de su presentación o de su soporte.

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