Atlas universal de Fernão Vaz Dourado

Atlas universal de Fernão Vaz Dourado Mapa 7: Asia
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Mapa 7: Asia

El espacio que aparece en la carta, «asentado» sobre el ecuador, se extiende desde Ceilán a Japón y las Molucas, es decir, hasta el antimeridiano de Tordesillas, que, aunque no está dibujado, fue sustituido por la escala de latitudes, junto al margen derecho de la hoja. Así pueden observarse con minuciosidad los litorales (Malasia, Conchinchina, Borneo, China), los archipiélagos y las numerosas islas del Índico oriental y de los mares de la China meridional y oriental, así como la entrada del océano Pacífico.
 
La localización de puntos (puerto e islas) que, unidos, dan la configuración de los litorales se hace sobre la base de los itinerarios náuticos, lo que explica muchas veces su aspecto rectilíneo y secuencial, y también la falta de información sobre costas periféricas a esos itinerarios, como es el caso de los litorales del golfo de Tailandia y del golfo de Tonquín. Por esta misma razón se dispone de mejor información sobre litorales comercialmente más atractivos, como ocurre entre Cantón y Shanghái. El puesto comercial portugués de Macao, establecido en la década de 1550, que aseguraba el enlace entre las grandes rutas marítimas y Cantón, por el Río de las Perlas, aparece representado por primera vez en los mapas de Vaz Dourado.
 
La ruta del viaje de un europeo en un barco chino, por el mar de la China meridional, está bien expresada en la siguiente inscripción: «Costa de Luzón y Laos por donde, a causa de un temporal, navegó P. Fidalgo viniendo de Borneo en un junco de China, yendo a parar a Lamao». Esta «costa» compacta y rectilínea en el mapa es claramente la secuencia de las islas más occidentales del archipiélago filipino, hacia el nordeste de Borneo: Palawan, Mindoro, y Luzón, en dirección a Formosa y Japón. Esta supuesta costa con apariencia de enorme isla casi triangular, en la que se inscribe la misma frase sobre la aventura de Pero Fidalgo en 1545, la encontramos ya en el folio 19r del atlas atribuido a Sebastião Lopes, de c. 1565, de la Newberry Library de Chicago, y se difundió ampliamente a través del grabado del mapa de China de Luís Jorge de Barbuda, de c. 1575, incluido en el Theatrum Orbis Terrarum de Abraham Ortelius desde 1584.
 
La representación del archipiélago japonés fijada por Lázaro Luís –en su Atlas universal de 1563– aparece aquí en una versión reducida de la elaborada a gran escala por Vaz Dourado para su Atlas de 1568 (f. 9).
 
Son cuatro las banderas portuguesas implantadas en lugares y territorios concretos: Ceilán, Malaca, Japón y las Molucas. El poder musulmán solo lo denota un gran escudo con crecientes que domina el golfo de Bengala; toda Asia oriental (China, Tailandia, Conchinchina) aparece ilustrada, aparte de con los nombres de los grandes reinos, por ocho pagodas de grandes dimensiones que remiten a otra religión aún no presente en el Atlas, el budismo.
 
Ésta es, probablemente, la carta más conocida de los atlas de Vaz Dourado, no solo por figurar en ella muchas de las novedades geográficas del Extremo Oriente para los europeos, sino también por su iconografía y riqueza cromática. Aun así, confirmada la circulación de imágenes y modelos entre los cartógrafos europeos y los cartógrafos activos en otros continentes, el mapa resulta bastante similar al dibujado en el f. 18 del Livro de Marinharia de João de Lisboa, de c. 1560; al f. 5 del Atlas de Bartolomé Olives, de 1562, de la Biblioteca Apostólica Vaticana; o al f. 6r del Atlas de Lázaro Luís de 1563. O incluso, si buscamos modelos más antiguos, podríamos recordar las cartas del Livro de Hidrografia de Jean Rotz, de 1542, de la Escuela de Dieppe, el primer libro francés en el que figuran las Indias Orientales gracias a las fuentes portuguesas y a la expedición de los Parmentier a Sumatra, en 1529; también presenta similitudes con el área del Extremo Oriente en los grandes planisferios de Lopo Homem, el de 1554, conservado en el Museo di Storia della Scienza en Florencia, y el de autor anónimo, de c. 1560, de la Biblioteca Vallicelliana de Roma. La imagen además perdurará en el tiempo, como puede comprobarse en la carta del f. 16 del Atlas universal de Joan Oliva (Nápoles, 1580).

João Carlos Garcia
Faculdade de Letras, Universidade do Porto
(Fragmento del volumen de estudio Atlas universal de Fernão Vaz Dourado)

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