Atravesé muchas tierras y ciudades y llegué a una muy noble llamada Cartan (Quanzhou), también conocida como Catan, donde se encuentran dos casas de frailes menores. A estos frailes les llevé los cuerpos de esos mismos frailes menores de quienes hicimos mención anteriormente, los cuales fueron martirizados en la ciudad de Cana.
En esta ciudad de Cartan hay una grandísima abundancia de todas aquellas cosas que son necesarios para la vida humana. Allí se pueden obtener cuatro libras y ocho onzas de azúcar por menos de un medio grosso. Esta ciudad es muy hermosa y está situada a la orilla del mar; es muy grande, como si fuera dos veces Roma.
Hay varias abadías de religiosos idólatras, ya que todo el pueblo es por lo general idólatra. Al soberano de todos sus ídolos lo hacen tan grande como nosotros representamos aquí a san Cristóbal. A la hora en que dan de comer a su ídolo, entré con los demás para ver sus costumbres. Traen a su ídolo viandas muy calientes y hirvientes, y las colocan ante él: el humo sube hasta el rostro de dicho ídolo, y estas gentes insensatas dicen que el ídolo, que es de oro, vive de ese humo. Pero en cuanto la comida deja de humear, los sacerdotes se la van a comer entre ellos.
[Desde esta región me dirigí hacia el Oriente, a una ciudad llamada Fuzo (Fuzhou).]
En esta ciudad se encuentran los más grandes gallos del mundo. Las gallinas son allí tan blancas como la nieve y no tienen plumas como las nuestras, sino lana como las ovejas.
De esta ciudad viajé hacia el Oriente durante dieciocho jornadas, hasta una montaña. A un lado de esa montaña todas los animales son negros, y al otro lado todos los animales son blancos. Las mujeres casadas llevan allí un cuerno sobre la cabeza, y por ese cuerno se reconoce a las mujeres casadas.
Atravesé muchas tierras y ciudades y llegué a una muy noble llamada Cartan (Quanzhou), también conocida como Catan, donde se encuentran dos casas de frailes menores. A estos frailes les llevé los cuerpos de esos mismos frailes menores de quienes hicimos mención anteriormente, los cuales fueron martirizados en la ciudad de Cana.
En esta ciudad de Cartan hay una grandísima abundancia de todas aquellas cosas que son necesarios para la vida humana. Allí se pueden obtener cuatro libras y ocho onzas de azúcar por menos de un medio grosso. Esta ciudad es muy hermosa y está situada a la orilla del mar; es muy grande, como si fuera dos veces Roma.
Hay varias abadías de religiosos idólatras, ya que todo el pueblo es por lo general idólatra. Al soberano de todos sus ídolos lo hacen tan grande como nosotros representamos aquí a san Cristóbal. A la hora en que dan de comer a su ídolo, entré con los demás para ver sus costumbres. Traen a su ídolo viandas muy calientes y hirvientes, y las colocan ante él: el humo sube hasta el rostro de dicho ídolo, y estas gentes insensatas dicen que el ídolo, que es de oro, vive de ese humo. Pero en cuanto la comida deja de humear, los sacerdotes se la van a comer entre ellos.
[Desde esta región me dirigí hacia el Oriente, a una ciudad llamada Fuzo (Fuzhou).]
En esta ciudad se encuentran los más grandes gallos del mundo. Las gallinas son allí tan blancas como la nieve y no tienen plumas como las nuestras, sino lana como las ovejas.
De esta ciudad viajé hacia el Oriente durante dieciocho jornadas, hasta una montaña. A un lado de esa montaña todas los animales son negros, y al otro lado todos los animales son blancos. Las mujeres casadas llevan allí un cuerno sobre la cabeza, y por ese cuerno se reconoce a las mujeres casadas.