Llegada de los mercaderes a Ormuz, f. 14v

Libro de las maravillas del mundo,
Marco Polo - Odorico de Pordenone

Llegada de los mercaderes a Ormuz, f. 14v


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En la costa se encuentra la ciudad portuaria de Courmos (Ormuz), donde llegan barcos cargados con todo tipo de especias, paños de oro, colmillos de elefante y muchas otras mercancías. Desde Ormuz, los mercaderes distribuyen estos productos por todo el mundo. Es una ciudad con una gran actividad comercial. [. . .]

Sus navíos son de mala calidad y muchos naufragan, pues no están clavados con hierro, sino cosidos con hilo que fabrican a partir de la corteza de los cocoteros, ya que baten la corteza hasta que se vuelve como crin de caballo, con la cual hacen hilo y cosen sus navíos. Este hilo resiste bien y no se deteriora con el agua del mar, pero no resiste las tormentas. Los navíos llevan un mástil, una vela y un timón, y navegan descubiertos salvo cuando están cargados; entonces cubren la mercancía con cueros, y sobre ellos colocan los caballos que transportan para la venta. No tienen hierro para hacer clavos, por lo que fabrican clavijas de madera con las que ensamblan sus navíos. Después los cosen con el hilo mencionado. Por ello hay gran peligro al navegar en estos navíos, pues muchos naufragan, ya que en el océano Índico se producen frecuentemente grandes tempestades.

Los habitantes son negros y adoran a Mahoma. [En verano] no permanecen en las ciudades debido al calor extremo, pues morirían todos, sino que salen fuera, a sus jardines, donde hay cursos de agua y abundancia de agua. No sobrevivirían, sin embargo, si no fuera por lo siguiente: en verano les llega a menudo desde el desierto cercano a esta llanura un viento tan extremadamente caliente que podría matarlos a todos, si no fuera porque, en cuanto sienten su llegada, se introducen en el agua hasta la cabeza y permanecen allí hasta que el viento se calma.

Siembran su trigo, su cebada y sus otros cereales en el mes de noviembre y los cosechan en marzo. No tienen nada verde salvo los dátiles, que duran hasta el mes de mayo, todo ello a causa del gran calor que lo seca todo. Los navíos no se deterioran tanto, pues los recubren con aceite de pescado. Cuando alguien muere, manifiestan un gran duelo, pues lo lloran durante cuatro años y, al menos una vez al día, se lamentan y se reúnen todos juntos, parientes, amigos y vecinos, para hacer duelo con grandes gritos y llantos. 


f. 14v

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Llegada de los mercaderes a Ormuz, f. 14v

En la costa se encuentra la ciudad portuaria de Courmos (Ormuz), donde llegan barcos cargados con todo tipo de especias, paños de oro, colmillos de elefante y muchas otras mercancías. Desde Ormuz, los mercaderes distribuyen estos productos por todo el mundo. Es una ciudad con una gran actividad comercial. [. . .]

Sus navíos son de mala calidad y muchos naufragan, pues no están clavados con hierro, sino cosidos con hilo que fabrican a partir de la corteza de los cocoteros, ya que baten la corteza hasta que se vuelve como crin de caballo, con la cual hacen hilo y cosen sus navíos. Este hilo resiste bien y no se deteriora con el agua del mar, pero no resiste las tormentas. Los navíos llevan un mástil, una vela y un timón, y navegan descubiertos salvo cuando están cargados; entonces cubren la mercancía con cueros, y sobre ellos colocan los caballos que transportan para la venta. No tienen hierro para hacer clavos, por lo que fabrican clavijas de madera con las que ensamblan sus navíos. Después los cosen con el hilo mencionado. Por ello hay gran peligro al navegar en estos navíos, pues muchos naufragan, ya que en el océano Índico se producen frecuentemente grandes tempestades.

Los habitantes son negros y adoran a Mahoma. [En verano] no permanecen en las ciudades debido al calor extremo, pues morirían todos, sino que salen fuera, a sus jardines, donde hay cursos de agua y abundancia de agua. No sobrevivirían, sin embargo, si no fuera por lo siguiente: en verano les llega a menudo desde el desierto cercano a esta llanura un viento tan extremadamente caliente que podría matarlos a todos, si no fuera porque, en cuanto sienten su llegada, se introducen en el agua hasta la cabeza y permanecen allí hasta que el viento se calma.

Siembran su trigo, su cebada y sus otros cereales en el mes de noviembre y los cosechan en marzo. No tienen nada verde salvo los dátiles, que duran hasta el mes de mayo, todo ello a causa del gran calor que lo seca todo. Los navíos no se deterioran tanto, pues los recubren con aceite de pescado. Cuando alguien muere, manifiestan un gran duelo, pues lo lloran durante cuatro años y, al menos una vez al día, se lamentan y se reúnen todos juntos, parientes, amigos y vecinos, para hacer duelo con grandes gritos y llantos. 


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