Las Muy Ricas Horas del duque Jean de Berry

Bibliothèque du Château de Chantilly, Ms. 65




Tamaño: 213 x 292 mm
416 páginas con 130 miniaturas realzadas con oro y más de 3000 iniciales doradas
Encuadernación en piel envejecida decorada con oro
Estudio monográfico (65 pp.), a cargo de Inès Villela-Petit (Département des monnaies, médailles et antiques de la Bibliothèque nationale de France), con la colaboración de Patricia Stirnemann (Institut de recherche et d’histoire des textes)

 

Las Muy Ricas Horas del duque Jean de Berry Bibliothèque du Château de Chantilly, Ms. 65 Bibliothèque du Château de Chantilly, Ms. 65

Tamaño: 213 x 292 mm
416 páginas con 130 miniaturas realzadas con oro y más de 3000 iniciales doradas
Encuadernación en piel envejecida decorada con oro
Estudio monográfico (65 pp.), a cargo de Inès Villela-Petit (Département des monnaies, médailles et antiques de la Bibliothèque nationale de France), con la colaboración de Patricia Stirnemann (Institut de recherche et d’histoire des textes)

 




Descripción

Las Muy Ricas Horas del duque Jean de Berry Bibliothèque du Château de Chantilly, Ms. 65


Las pinturas de los hermanos Limbourg ejercen sobre el espectador una atracción nunca vista en otros códices. Su capacidad de innovación e inventiva crea escenas que nunca antes nadie había siquiera imaginado.

Primera y única edición facsímil integra a tamaño real de LAS MUY RICAS HORAS DEL DUQUE DE BERRY, autorizada por la FONDATION POUR LA SAUVEGARDE ET LE DÉVELOPPEMENT DU DOMAINE DE CHANTILLY, propietarios únicos de los derechos de publicación de este códice.

LAS MUY RICAS HORAS DEL DUQUE DE BERRY – LES TRÈS RICHES HEURES DU DUC DE BERRY.
Hermanos Limbourg y Jean Colombe.

"El rey de los manuscritos iluminados”

Jean, Duque de Berry (1340-1416), tercer hijo del Rey de Francia, Juan el Bueno, y hermano de su sucesor Carlos V el Sabio (hijo, hermano y tío de reyes) jugó, especialmente en la segunda parte de su vida, un importante y decisivo papel político en la turbulenta historia de la Francia medieval. Animado, casi siempre, por un talante conciliador intentó ante todo alcanzar un objetivo: restablecer la paz interna en el reino, rota sin cesar por la rivalidad existente entre las casas de Orleáns y la de Borgoña.

El asesinato de Luis de Orleans (1407) y las ambiciones de Juan sin Miedo, Duque de Borgoña, le obligaron, hacia el fin de su vida, a tomar partido políticamente. Desde entonces, y también a causa de su matrimonio con Juana de Armagnac, se erigió como jefe de los “Armagnacs”, detestadísimos no sólo por los campesinos franceses sino también por casi toda la burguesía parisina. Desde 1410 hasta al menos 1413, varios de sus castillos y residencias fueron saqueados, obligándole, en ocasiones, a huir precipitadamente y refugiarse, como en 1412, en el claustro de la catedral de Bourges para salvar su vida. Los borgoñones, jugando maquiavélicamente con el sentir social del campo francés, movieron a las masas contra Jean de Berry, quien, opuesto a cualquier forma de normativización del feudalismo, pasó a ser el símbolo de un déspota y despreocupado reaccionarismo político. Juan sin Miedo y los malcontentos “cabochanos” protagonizarían en esos años toda clase de levantamientos y sublevaciones, apoyándose en unos campesinos hambrientos enfurecidos por el agotamiento de los recursos agrícolas y las epidemias. Las continuas batallas contra Inglaterra, que impedían el cultivo normal del campo, perjudicaron gravemente los intereses del Duque de Berry. No en vano casi todos los historiadores están de acuerdo en que la causa principal de la desastrosa pérdida por parte de Francia de la célebre Batalla de Azincourt (1415) fue precisamente la absoluta división de la nobleza francesa, muy especialmente en París y en el Norte.

Pero si bien Jean de Berry contempló durante toda su vida ajetreos, conspiraciones y violencias políticas y sociales, también fue, por otro lado, el más exquisito y delicado coleccionista de arte y generoso mecenas. Preocupado por la estética en todos los ámbitos y niveles que ésta pudiera abarcar, gastaba casi todo su tiempo, dinero e influencia en rodearse de lujo, de ampulosidad, de barroquismo. Fue famoso por la liberalidad y cercanía con que trataba a sus artistas, colmándolos de regalos, algunos de los cuales incluso hacía venir del extranjero o de otras cortes europeas. Desde Carlomagno hasta Lorenzo de Médici, ningún magnate ha sentido tan intensamente la pasión por el arte, el manierismo, el goce estético privado y minucioso.

Sus mayores esfuerzos y logros -directamente ligados, claro está, a sus preferencias artísticas- se concentraron, además de en la orfebrería y en su scriptorium, en la construcción de castillos y residencias. El arquitecto más célebre de su tiempo, Guy de Danmartin, trabajó para él en numerosas ocasiones. Amigo de los edificios suntuosos; llegó a poseer no menos de diecisiete castillos y mansiones, entre los que transcurría su vida. Los dos más famosos fueron el Hôtel de Nesle, delante del Louvre de París, en el margen izquierdo del Sena, y el palacio de Mehun-sur-Yèvres, cerca de Bourges, ciudad a la que por su posición geográficamente estratégica el Duque estuvo siempre ligado.

Entre los numerosos artistas iluminadores que trató y cobijó se encontraban los más destacados de su tiempo, particularmente Jacquemart de Hesdin (1350-1410), los hermanos Limbourg, y el escultor e ilustrador André de Beauneveu (1361-1413). Las Muy Ricas Horas no fueron, ni mucho menos, el único libro de horas que poseyó el sibarita, Jean duc du Berry. Jacquemart creó para él, por ejemplo, unas célebres Pequeñas Horas, cuyo códice se conserva hoy en la Bibliothèque nationale de France.

Los artistas a los que el Duque de Berry confió hacia 1413 la tarea de iluminar el libro de horas por excelencia, Las Muy Ricas Horas, que debía sobrepasar a todos los demás que hasta entonces había poseído, procedían de Nimega, cerca del Rhin, en la región de Flandes. Es muy posible que el mayor de ellos fuera Pol de Limbourg –o Paul Limbourg, según las fuentes- y sus dos hermanos eran Herman y Jean (Jannequin). Por su técnica y talento, Pol fue pronto considerado valet de chambre, “ayuda de cámara” del Duque, y casi sin ninguna duda debía ser el jefe del taller. Además de “Las Muy Ricas Horas”, crearon para su mecenas varias otras obras, entre las que destacan unas Bellas Horas, hoy conservadas en el museo The Cloisters de Nueva York, probablemente creadas entre 1410 y 1412, justo antes de las “Muy Ricas Horas”. Los tres pintores murieron, probablemente de peste, en el año 1416, dejando inacabada la obra de su vida; para entonces sólo Pol había alcanzado los 30 años de edad. Los hermanos Limbourg llegaron a ser muy populares incluso en vida; ya el cronista Guillebert de Metz, en su famosa “Descripción de París” de 1434, nombra a “tres célebres hermanos iluminadores”.

Existe, tanto estilística como temáticamente, una gran distancia entre ambos libros de horas de estos autores. “Las Muy Ricas Horas” son originales, visionarias en todos los aspectos e incluso revolucionarias entre los libros de horas. El contenido litúrgico; el calendario, en el que escenas místicas sugeridas por el propio Duque sustituyen a las tradicionales; los encuadres, más tradicionales pero fantasiosos, son una parte del todo con un único objetivo: ser el libro de horas más espectacular y hermoso que se pudiese crear. En “Las Muy Ricas Horas” se observa un nuevo equilibrio, una búsqueda de lo armonioso, un sentido claro y hegemónico de la relación entre los colores, y una extraordinaria novedad: la aparición del paisaje, técnica ya pre-renacentista importada de Italia (posiblemente Pol visitó Milán o Siena hacia 1413).

En esta nueva y original obra colectiva se destaca, asimismo, un exquisito sentido de la naturaleza y un gusto por la magnificencia de la vida cortesana; una encantadora elegancia y un realismo a veces crudo: desnudos clásicos muy cercanos a los de la Antigüedad y formas femeninas a la colorista moda de la época. Gracias a sus dotes de observación y a la ejecución favorecida por el entorno familiar, los Limbourg supieron aunar las influencias de Italia con las tradiciones pictóricas francesas de un Jacquemart, en una obra que permanece como la más alta expresión de lo que ha dado en llamarse “Estilo Gótico Internacional”.

Además, muchas imágenes que no habían sido previstas en la idea tradicional de los libros de horas fueron añadidas fuera de texto, como un golpe de inspiración; es el caso, por ejemplo, de la brillante Coronación de la Virgen o el ahora legendario Jardín del Edén. Y hay aún otro elemento destacadísimo más: el ahora famoso azul de ultramar, del que este códice fue no sólo pionero sino aun prácticamente descubridor. Hecho con lapislázuli, entonces costosísimo mineral traído de Oriente (el Duque era aficionado, casi hasta lo patológico, a toda clase de gemas curiosas y delicadas) se trata del tono más característico y sorprendente de la obra entera, y él que le da esa inconfundible apariencia de ligereza y transparencia que aún hoy sigue hechizando a quien lo contempla.

Pero “Las Muy Ricas Horas” quedaron, como se ha indicado, inconclusas a la tempranísima muerte de sus tres creadores, el propio Duque no tardaría en seguirlos, en el mismo año 1416, y también, según parece, víctima de la peste. Pero ¿cuál fue, pues, el destino del preciado códice? La miniatura del folio 75 proporciona una indicación sobre los propietarios del manuscrito en el momento de la ejecución de esta segunda serie de pinturas. Se observan representados un príncipe y una princesa a los que sus blasones enlazados muestran como el Duque Carlos I de Saboya y su esposa, Blanca de Montferrant. De ahí se deduce que la terminación de “Las Muy Ricas Horas” aconteció entre 1485, fecha de la boda del Duque, y 1489, fecha de su muerte.

El nombre del iluminador de la segunda serie de ilustraciones ha sido revelado por el historiador de arte Paul Durrieu tras una rigurosa investigación que probó que el pintor tenía lazos familiares en la ciudad de Bourges y que había trabajado para el Duque Carlos. Se trata de Jean Colombe -o Jehan Coulombe-, quien ya tenía amplia experiencia en el campo de la miniatura. Trabaja con Clément Thibault, “écrivain de forme”, quien, con toda seguridad, aprendió el arte del manuscrito. Colocado por su mecenas ante el problema de la continuación de la obra de los Limbourg, Colombe rechaza la imitación del pasado y elige trabajar con el estilo contemporáneo. El gusto y las modas han evolucionado considerablemente en setenta años. Los colores son vigorosos, violentos; realces, subrayados, intensidades; sin duda toda una reacción contra las anteriores delicadezas que saturaron el inicio de siglo. Sin embargo, en algunos aspectos la obra se ciñe todavía a la ortodoxia: los horizontes vaporosos de los paisajes que se extienden en los fondos, en planos cada vez más difuminados en sus tonos de azul, proporcionan al lector la misma evasión de resonancias místicas. Así, las “Las Muy Ricas Horas del Duque de Berry”, en definitiva, y a pesar de su variedad e innovación, o quizá precisamente a causa de éstas, siguen siendo hoy consideradas como “el rey de los manuscritos iluminados”, una obra cumbre en la historia de la creación humana.

Una vez terminada la obra, sus avatares materiales fueron incontables. Cuando murió Margarita de Austria, gobernadora de los Países Bajos, en 1530, el códice fue entregado Jean Ruffaut, tesorero general del mismísimo Emperador Carlos V. Durante el siglo XVII la pista del códice se pierde, y en el siglo siguiente se añade al libro el escudo de armas de los Spínola, ilustre familia guerrera de los Países Bajos. De allí fue de un propietario a otro a lo largo y ancho de Europa, hasta terminar siendo propiedad del Barón Félix de Margherita residente en Turín. El Duque de Aumale, que supo de su existencia casi por casualidad mientras viajaba por Europa, quedó entusiasmado por él y lo llevó a Inglaterra para luego regresar con él a Chantilly, cerca de París, donde hoy se conserva en la prestigiosa Bibliothèque du Château de Chantilly.
 



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